Girasoles, Milagros y Afectos.

“…Cogeremos los girasoles del fin del año…” Djavan.

 

Quiero fingir que mi alma no llora en forma de moco, tos y resfriado.
Agarro la excusa para cantar silbar por las calles, esa musiquita que habla de Milagros.

 

La agarro muy fuerte.
La dejo ir.

 

Tú traición, una más, dejó nuestra casa sumida en la enfermedad.

Una nube de parásitos imaginarios, nos atacan.

 

A las únicas y verdaderas propietarias de esta, nuestra, casa.

Una mujer, fragilizada y precaria, asistida por una perra con alma de loba durante trece años.

Nos queremos y consolamos.

Durante estos trece años ha habido intentos de emocionarme. A veces he dejado que crean que lo han logrado.

 

Me gusta comprobar hasta dónde quiere llegar la miseria humana, la mezquindad y el desamor.

Nadie ha logrado desplazar ni un milímetro a Habiba de mi corazón.

Todas las “candidaturas” han fracasado o han sido rechazadas.

 

 

 

Tengo unas amigas que son como diamantes.

Aquilatadas en nuestra experiencia de mujeres maduras.

Somos duras, nuestras aristas cortan, y somos muy sensibles, acristaladas.

Desechadas por la mercadotecnia, que todo lo mide.

Descatalogadas, y sin prisa por responder.

Meditabundas, mismo en grupo, aportando soledades ricas y llenas de conflictos, problemas cotidianos y contradicciones.

 

 

 

Tres conflictos y quince insultos más allá, recuperó el aliento.

Eso pensaba.

El aliento no volvía y se dio un tiro de bronco-dilatador, del más barato.

Cura más, y respiras mejor…

 

El hijo más bello de Çanakkale.

Joven durmiendo, miniatura de Levni, Museo del Palacio Topkapi.

Todo comenzó un mes antes.

Volverlo a ver significaba para ella un mar de incógnitas, pero esta vez, en un Océano de certidumbre.

Sus palabras ya no significaban nada para ella.
Su opinión no era tenida en cuenta.

Quizás ella había deseado verle para tener la certeza de que ni le amaba ni le había amado jamás.

Cuando él percibió la frialdad y la altura de la mujer, se sintió minúsculo, insignificante. Miserable.

El placer fue real, para ambos. Nada más allá para ella.

Él fingió que estaban en igualdad de condiciones, hasta que exhibió todo su plumaje de celos, comparaciones y un último intento de abatirla, cual presa de su cacería.
No podía imaginar que ninguna de sus palabras, pensadas para herirla en lo más profundo, hacerle el mayor mal posible, no tenían ningún efecto en ella.

La juventud, el placer con otros hombres menos dañinos, y el gusto por la contemplación masculina que ella había desarrollado en ese año sin verse, lo dejaron fuera de combate.

Ni una sola de sus palabras fueron tenidas en cuenta, y al darse cuenta, arremetió contra ella desde la distancia que da el cyber-mundo.
Ella es real. Siempre lo ha sido, con la ayuda de pasar graves contratiempos, cánulas en sus venas para salvar la vida.

La frialdad de lo que realmente es importante en la vida la poseía. Temeraria, tenaz, poco preocupada por su aspecto. Ella prefería la palabra portuguesa “Destemida”, menos arrogante y que explicaba de manera excelente la ausencia de temor.
Su femineidad no es mañosa, no es artera. No se “produce” de manera artificial.
Él le recrimina precisamente eso.
Quizás ella le suscite mucho temor, ante lo débil de su identidad.

Conversa con una amiga sobre lo andrógino de sus posiciones. Una elección tanto vital como biológica.
Comieron juntas sentadas en una calle de la playa.
Un hombre en bañador, lleno de tatuajes se cruzó con una mujer de manto saharaui, contemplados por un músico callejero rumano, con un címbalo atado a su espalda.
Todos fingieron ignorarse, en un ejercicio brutal de post-colonialismo.

Las dos amigas estupefactas por la escena, acaban conversando con un indigente mexicano sobre el espacio público, la democracia y el derecho a transitarlo, ocuparlo y compartirlo.

Subir y bajar en un avión turbo-hélice, de los que se usan aquí para transitar de una isla a otra, le hizo bien.
A la vuelta se asoma a la pantalla, y allí está.
El hombre más bello de Çanakkale, deseándola.
Ella le desea también.

Ilustración: “Joven durmiendo”, miniatura de Levni, Museo del Palacio Topkapi.

Kirkê. Circe. Κιρκη.

AmazighLana

Has derramado el vino sobre mi manto negro.
No sabes el agravio que le has hecho a la Vid.

¿Acaso tus manos y las de Telémaco no están manchadas de sangre?
¿Por qué si no rehúyes la mirada?
Tus ojos bajos, pidiendo ayuda, delatan la sangre en tus manos.
La Vid y el Sarmiento te aborrecen.
Tus palabras revelan que serás ánade, si no sabes libar a los Dioses.

Soy Kirkê, a la que llaman Bruja.
Sigo aquí, en esta isla de las Hespérides.

Sí, yo, la que salvé y enamoré a Ulises.
La que transformé a sus marineros en cerdos.
Sólo por amor a él, les devolví su forma humana.

Hoy vienes a pedir mi conjuro, mi libación para lavar tus manos regadas con sangre.
Y riegas mi manto con vino, en tu torpe proceder.
No sabes cuánto te maldecirán la Vid y sus Sarmientos.

Mi nombre viene de los aros de plata que recubren mis pulsos.

Kirkoó.

Mis aros tintinean mientras estudio la forma de salvarte.

No tendrás siervo ni sierva que te asistan.
Seré una sola con Telémaco.
Madre e hijo, tú Penélope.
La del hilo mágico, vienes pidiendo magia.

Pides ciertamente lo imposible.
No es la magia quién te sanará y devolverá alegría a tus días.
Sólo el perdón de la Vid y el Sarmiento te darán la serenidad, que de mis aros solicitas.

Te daré como esposo a quién mató a tu Rey.
Era su padre, y por eso los Dioses abominan aún más de su crimen.
Podrás así volver su vida retorcida, cual sarmiento, o dulce como la uva de la Vid.

En tu mano quedará, él, y su futuro.
Su futuro es tu futuro.
¿Y vienes a pedir Magia?

¡Justicia para Khadija! Las “Afros” en el “feminismo europeo”. ¡Hola, somos la anécdota!

Hoy, escribo para “Afroféminas”.

Afroféminas

¡Justicia para Khadija! Las “Afros” en el “feminismo europeo”. ¡Hola, somos la anécdota!

Lo que nos pase a las mujeres “al sur de Algeciras”, parece no incomodar demasiado al feminismo blanco, europeo.

Quizás, sólo las torturas, violaciones y capturas para la Trata Sexual, merecen la atención de un Feminismo, con gusto por los titulares, el morbo, el destaque personal, y la escasa, o nula, atención que nos merece el día a día de las Mujeres en Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto o el Sáhara Occidental.

El caso, llamado “La Manada marroquí”, ignorando el nombre de la víctima-apenas una niña de 17 años-llamada Khadija quién pasaba el Ramadán junto a familiares en una “aldea” desconocida para ella, marroquí, secuestrada, violada, y puesta en venta como prostituta por sus secuestradores, que cobraban a los violadores que acudieron a la llamada del Machismo Bárbaro del medio rural norteafricano.

Evitaré los detalles morbosos, ya que han rellenado las únicas crónicas periodísticas en este país sobre el…

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Carnavalizar…

Esta será la única opción que nos deje la Cretinocracia.

Consumir, el único Derecho garantizado.

Carnaval, la única manifestación popular admitida.
Tribunales, ejércitos de policías de variados nombres y uniformes, nos impedirán hablar.

Ya lo hacen.

El Carnaval es alegre.
Chabacano.
Sórdido.

Quien conoce Brasil sabe, que después de que la muchedumbre baile por horas y horas, queda un rosario de violaciones, torturas y asesinatos.
Cuentas desgajadas y ensangrentadas por una fiesta que muda su calendario en función de la Cuaresma.

Acaba el Miércoles de Ceniza.
La Ceniza, símbolo de luto en la cultura judía, es la clave con la que pasar el resto del Año.

¿Besó usted al Soldado de Plomo polaco?
Muy bien.

¿Bailó con Pierrot y Colombina, la pastora?
Muy bien.

¿Votó usted en las últimas Elecciones?
Muy bien.

El jueves posterior, vuelva usted a la esclavitud diaria.
Sólo seis días de Carne.
El resto del año, ceniza.
Bienvenido al Fallo Humano. Es la norma.

De la muchacha del Loutar, el ego y la tribu.

AmazighLuthar

 

 

Este es un aviso para tu Ego.
Sí, ese que finges no tener.

Tú, la Generosidad hecha persona.
No eres Racista.
No eres Negra.
No eres Árabe.
Ni siquiera eres Mujer.
No eres Hombre.
Tu generosidad es tan grande que has abolido todo.

 

Te va muy bien en tu aldea del Neolítico.
Te comunicas sólo con ciento cincuenta personas de tu alrededor.
Más o menos.

Crees ser cosmopolita.
Hablas inglés, francés.
Lees en italiano.
Escuchas en árabe.
Piensas sólo en ti.
Cantas cosas que no entiendes.
Estás en tu Tribu.
Bienvenido seas, esta es tu tierra.
La de tus antepasados.

 

Los Espíritus habitan los barcos, trenes y aviones que frecuentas.
Te hablan.
Te ofrecen signos.
Vienen a olerte.
Te perfuman.
No los ves ni los percibes.

 

Una bandera discutió con otra bandera.
Un hombre discutió con una mujer.
Israel no discute.
Aplasta a Palestina.

El Muro desunió los Estados.
Mexicas, toltecas y náhuatl.

La Peste de la Civilización te llenó de bubones la mente.

Padeces la Fiebre Negra.
La que calcina el cerebro de tanto calor.

No habrá piedad para tus huesos.
Ningún antepasado te reconoce.
Hace muchas generaciones que no te comunicas con ellos.
La muchacha del Loutar entona su melodía.
Ha nacido para eso.
¿Para qué has nacido tú?
¿Puedes entonar acaso una melodía como la suya?
Apenas tiene doce años.
La muchacha del Loutar.

 

 

El son de sus cuerdas te despelleja.
El alma del Loutar te descoyunta los huesos.
La lentitud de su ritmo te exaspera.
El frenesí de su final hace que tus cabellos se caigan.

 

 

¿Tienes acaso un hermoso manto como el suyo?
¿Posees alguna de sus joyas de majestuosa plata?
¿Tu entrecejo está adornado con algún tatuaje que te guíe?
¿Enmudecen los espíritus al ver tu barbilla tatuada?

 

 

A la muchacha la acompaña una vieja.
Con gran turbante, adornado con cuentas y fíbulas a modo de pendiente.
Canta con voz de tronco de mimosa, herido por el sol.
Las vi en una fogata.

 

De las que se hacen para ver las estrellas y admirar la belleza.

 

La luz mortecina, bamboleante de las llamas, las hacía más hermosas.

 

Las acompañaba una tercera.
La del manto de lana rojo.
Gruesas fíbulas de plata agarraban el grueso manto a su túnica.

 

Vinieron a hablarme.
De ti y tu enfermedad.
Del Ego con que te vendes, maltratas,
y urdes contra otros.

 

Hablaban en sus cantos.
Del mal amor que me diste.
Como se tiran unas migajas a un perro.
Del desprecio de tus palabras.
De eso hablaban sus cantos.
Sus voces bajas se perdían en la llanura inmensa.
Sólo las acompañaba un bendir de madera y pellejo.
Y el crepitar de la leña, ardiendo.
Como tu Ego.

 

 
Loutar.
El Loutar : Instrumento con 3 cuerdas desplumadas, guembri familiar, cuerdas de nylon, utilizadas en música Amazigh
Bendir.
Instrumento de percusión, formado por una delgada tira de madera sobre la que se estira por un lado una piel de cabra. Una variante tiene aberturas en el costado de las arandelas de cobre: el alquitrán