Leningrado, 900 días.

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“Quienes nos enviaron tanta muerte cometieron un error de cálculo. Subestimaron nuestra voraz hambre de vivir” Olga Berghozl.

 

 

 

 

Permanecer en una ciudad con más de tres millones de habitantes desde Septiembre de 1941, sitiada hasta Enero de 1944, no parece tarea fácil.

La radio nunca dejó de emitir, e incluso se retransmitió desde el Teatro la Sinfonía que Dimitri Shostakóvich compuso allí, antes de ser evacuado.

La Sinfonía número 7.

 

El ejército nazi llevó a cabo el sitio, ante la orden del odio de Adolf Hitler por la ciudad que llevaba el nombre del “demonio rojo”, Lenin.

Hitler vio que la perspectiva de mantener a una población tan grande durante la guerra “no era rentable”, y decidió que murieran de hambre y frío.

 

Poco a poco se fueron evacuando a miles de personas, hasta que el bloqueo fue total.

Durante este periodo, los hombres cumplían funciones defensivas, y quedaron las mujeres al mando de la intendencia, Museos, y administración de la ciudad.

 

Leningrado.

 

Bajo el mando militar, las mujeres de Leningrado organizaron la vida cultural, y fueron autorizados desde Moscú  fondos, materiales y mano de obra, para la creación de proyectos de edición de libros, revistas y amplio material de lectura.

Editaron libros sobre Arte, organizaron espectáculos. Se cuidaron, atendieron y salvaguardaron.

La producción cultural fue tenida muy en cuenta, a fin de mantener la moral de la ciudad que alcanzó la total hambruna en unos meses.

El control de la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) fue escaso hasta la liberación, ya en 1944 cuando muchísimas mujeres fueron deportadas a Siberia, acusadas de “haber producido obras que pervertían el espíritu soviético”.

 

 

Nos sentimos en muchos tiempos largos de nuestra vida, soportando el “largo sitio” de entornos hostiles.

Sufrimos con demasiada frecuencia la violencia, en una guerra silenciosa, las mujeres.

No nos han permitido tener organizaciones, ni crear productos culturales, acceder a la ciencia, o simplemente ser técnicas en un laboratorio.

Las españolas de cierta edad saben muy bien de lo que hablo.

 

En 1939, el desenlace de la Guerra Civil, significó la masacre de un enorme, excesivo, número de mujeres.

Condenadas al Exilio, cientos de mujeres eruditas, artistas, y científicas.

Sólo a partir del final de la década de 1960, se empezó a producir el deshielo de una sociedad aterrorizada a sangre, bayoneta y fusil.

Tal pareciera que la llegada de 1975, y la muerte del Dictador fascista que ganó “nuestra Guerra”, significaran el fin de aquella oscura y larga temporada de “sitio” en la que permanecimos.

 

 

Sustituido el Jefe del Estado, la forma de gobierno y teniendo una “nueva Constitución”, pareciera que habíamos pasado la página más negra de nuestras vidas.

Y fuimos viviendo, esperando, nos pusieron a bailar, teníamos que estar alegres, esperando.

 

Esperando.

 

Y de tanto esperar, el Jefe del Estado fue sustituido por su hijo, y aquí estamos, ante el descubrimiento de un engaño monumental.

Las mujeres más viejas, aún vivas, las nacidas en años anteriores o durante la Guerra, se declararon agotadas ante la nueva masacre.

Urdido con empeño, dejó a la gente desvalida, sin comida, con frío y sin ninguna resistencia ante un futuro demasiado incierto para ser vivido.

 

Llamémoslo el “engaño de Sofía de Grecia”. El icono de un paradigma fallido.

 

Pero en realidad, es un eterno sitio de Leningrado, del que nos liberan, nos deportan y nos vuelven a sitiar.

Ya no hacen falta cañones, aviación ni artillería para mantener a millones de personas confinadas. Dificultar el acceso a la Cultura, por no volver a hablar de los mínimos techo y comida, nos mantienen sitiadas.

 

Llamémoslo el “inmutable aspecto de Letizia”. El icono de un paradigma raído.

 

Tal pareciera que la brutalidad y la pérdida de valores humanos que se da en situaciones de guerra, se hubiese extendido como la única y nueva ideología.

En nombre de Dioses arcaicos, y ausencia de libertades y derechos, están nuestras vidas sitiadas, cercenadas.

Vivir casi cien años después del Sitio de Leningrado, bajo las mismas normas y reglas, nos paralizan.

 

 

Sitio de Leningrado.

https://es.wikipedia.org/wiki/Sitio_de_Leningrado

Estreno de la sinfonía n. º 7 de Shostakóvich en Leningrado.

https://es.wikipedia.org/wiki/Estreno_de_la_sinfon%C3%ADa_n.%C2%BA_7_de_Shostak%C3%B3vich_en_Leningrado

 

“Escritos de mujeres desde el Sitio de Leningrado”-Cynthia Simmons y Nina Perlina. Ediciones “La uÑa RoTa”, 2014.

http://www.larota.es/cat%C3%A1logo/libros-del-apuntador/escritos-de-mujeres-desde-el-sitio-de-leningrado

Las mujeres “imperfectas”.

Farah Dunas

 

 

En estos días leía en una red social como una chica transexual había sido interpelada por una señora al ir al baño sentido, esto es femenino, y la señora le disparó “el baño de los hombres es al lado”.

La chica en cuestión continuaba diciendo que ella “ese día creía tener su “pass” conseguido” y me intrigó este asunto, aunque sobrentienda que quiere decir.

 

 

Si entendemos lo que significa la identidad, la “moda antropológica” de una sociedad concreta, y la presión de la industria cosmética, quirúrgica, podremos entender el eje entre esta “auto-exigencia” que se ejerce desde fuera a la comunidad transexual, y la autoestima, y satisfacción con la auto percepción de las personas que la componen.

 

Las exigencias en la indumentaria, la moda o el canon de belleza de una comunidad, llamadas “moda antropológica”, no son fijas. Están sometidas al paradigma dominante en ese momento.

La exigencia del “passing”, o “cis-passing” forman parte de la nueva nomenclatura establecida a la hora de tratar elementos de la comunidad LGTBI.

Probablemente tienen muchísimo que ver con la seguridad física y psíquica de las personas Trans que sufren, o podrían sufrir, agresiones tránsfobas, ya sean físicas o verbales.

La traducción, ignoro de dónde se ha tomado este término anglosajón, sería “pasar (inadvertida)” dando una imagen personal acorde con el sexo sentido, y sobre eso se expresan algunas personas trans, como la chica mencionada al inicio.

Otras personas trans hablan sobre “ser ridiculizadas si aún conservan rasgos o marcas de su carácter biológico anterior a la transición, sea hormonal y/o quirúrgica”.

 

Mujeres y hombres hetero, o bisexuales reciben las mismas presiones por diferentes motivos, imperfecciones físicas, que al final vienen a mostrar claramente que las Fobias que estigmatizan estas comunidades se adhieren a la moda antropológica heteronormativa, cuando no directamente a cuestiones Machistas y Patriarcales, a la hora de recibir este supuesto “passing”.

Las imperfecciones, sean del tipo que sean, son inherentes a la Comunidad Humana, y si pudiésemos observar a quienes nos agreden por estos motivos, veríamos más de una aflorar, junto con su intolerancia fruto de un ideal político de Pensamiento Único, trasladado al Género y la Sexualidad de las personas agredidas.

Un excesivo celo en este asunto del “Cis-passing” en las personas trans, lleva a cuestiones angustiantes, de “marginalidad física” (los patos azules en la Comunidad de la moda antropológica de los Patos Amarillos, dominantes) y de gran sufrimiento, que pueden llevar al asesinato por ser transexual. “Los Patos Amarillos, dominantes, picotearán al pato azul “diferente” hasta eliminar la anomalía de la moda.

 

Prescindir de tal auto-exigencia, o no convertirla en feroz agresión por “ser imperfecta”, establecería el refuerzo del Sujeto Político, frente a la opresión ejercida por el Hetero-normativismo, las presiones de la Industria de la Moda o de la idea equivocada de que como “la medicina lo resuelve todo”, lo ideal sería pasar por el quirófano para “corregir” la imperfección que nos causa sufrimiento.

 

Sólo intento hacer una reflexión personal a través de todo esto, y nunca dejar por sentado nada, ni establecer ninguna verdad dogmática.

 

Me gusta ser imperfecta, y probablemente mi identidad se haya construido en base a esa cualidad. La identidad influye en cómo somos percibidas por “los otros”, y también en la conformación del físico, las prendas que nos gusta vestir y el calzado con el que andar en el mundo, conformando una “marca única”, frente a la uniformidad que preconiza ese tipo de sociedad heteronormativa.

Soy una mujer madura que ya hizo su “transición” hormonal en la adolescencia, y aún hoy siento la misma presión, quizás por no “estar muy hecha” (en palabras de una doctora internista que conozco) ya que no he sido partidaria de cirugías correctoras del rostro o cosas de ese tipo.

Siempre me parecieron imperativas la evolución política de mi ser, el estudio, la lectura y la escritura que creo que también son nuestra marca más personal, seamos del sexo que seamos, sentido o biológico, e independientemente de con quién deseemos tener sexo dado nuestro “sexo de partida” a la hora de establecer este tipo de relaciones humanas.

Igual que el Paradigma social va cambiando, evolucionando o involucionando siempre en base a criterios económicos según mi análisis, también las personas que conformamos tales comunidades variamos, sintiéndonos más de acuerdo con nuestro físico, indumentaria y modo de actuar.

Tener identidades muy marcadas nos hará padecer los vaivenes de los “cambios de rumbo” de lo socialmente aceptado o no, según mi opinión, y creo que sería mejor cultivar nuestro sujeto político y social, para afrontar de manera solvente las opresiones y coyunturas adversas que se puedan dar en el devenir de nuestras vidas.

Pier Paolo Pasolini decía gustar de tomar planos cortos de un pómulo, un ojo, el cuello, para luego abrir el plano y mostrar el rostro, independientemente de si era bello. Lo propongo como ejercicio de aceptación, comodidad, y con el fin de la mayor evolución del Ser.

Girasoles, Milagros y Afectos.

“…Cogeremos los girasoles del fin del año…” Djavan.

 

Quiero fingir que mi alma no llora en forma de moco, tos y resfriado.
Agarro la excusa para cantar silbar por las calles, esa musiquita que habla de Milagros.

 

La agarro muy fuerte.
La dejo ir.

 

Tú traición, una más, dejó nuestra casa sumida en la enfermedad.

Una nube de parásitos imaginarios, nos atacan.

 

A las únicas y verdaderas propietarias de esta, nuestra, casa.

Una mujer, fragilizada y precaria, asistida por una perra con alma de loba durante trece años.

Nos queremos y consolamos.

Durante estos trece años ha habido intentos de emocionarme. A veces he dejado que crean que lo han logrado.

 

Me gusta comprobar hasta dónde quiere llegar la miseria humana, la mezquindad y el desamor.

Nadie ha logrado desplazar ni un milímetro a Habiba de mi corazón.

Todas las “candidaturas” han fracasado o han sido rechazadas.

 

 

 

Tengo unas amigas que son como diamantes.

Aquilatadas en nuestra experiencia de mujeres maduras.

Somos duras, nuestras aristas cortan, y somos muy sensibles, acristaladas.

Desechadas por la mercadotecnia, que todo lo mide.

Descatalogadas, y sin prisa por responder.

Meditabundas, mismo en grupo, aportando soledades ricas y llenas de conflictos, problemas cotidianos y contradicciones.

 

 

 

Tres conflictos y quince insultos más allá, recuperó el aliento.

Eso pensaba.

El aliento no volvía y se dio un tiro de bronco-dilatador, del más barato.

Cura más, y respiras mejor…

 

El hijo más bello de Çanakkale.

Joven durmiendo, miniatura de Levni, Museo del Palacio Topkapi.

Todo comenzó un mes antes.

Volverlo a ver significaba para ella un mar de incógnitas, pero esta vez, en un Océano de certidumbre.

Sus palabras ya no significaban nada para ella.
Su opinión no era tenida en cuenta.

Quizás ella había deseado verle para tener la certeza de que ni le amaba ni le había amado jamás.

Cuando él percibió la frialdad y la altura de la mujer, se sintió minúsculo, insignificante. Miserable.

El placer fue real, para ambos. Nada más allá para ella.

Él fingió que estaban en igualdad de condiciones, hasta que exhibió todo su plumaje de celos, comparaciones y un último intento de abatirla, cual presa de su cacería.
No podía imaginar que ninguna de sus palabras, pensadas para herirla en lo más profundo, hacerle el mayor mal posible, no tenían ningún efecto en ella.

La juventud, el placer con otros hombres menos dañinos, y el gusto por la contemplación masculina que ella había desarrollado en ese año sin verse, lo dejaron fuera de combate.

Ni una sola de sus palabras fueron tenidas en cuenta, y al darse cuenta, arremetió contra ella desde la distancia que da el cyber-mundo.
Ella es real. Siempre lo ha sido, con la ayuda de pasar graves contratiempos, cánulas en sus venas para salvar la vida.

La frialdad de lo que realmente es importante en la vida la poseía. Temeraria, tenaz, poco preocupada por su aspecto. Ella prefería la palabra portuguesa “Destemida”, menos arrogante y que explicaba de manera excelente la ausencia de temor.
Su femineidad no es mañosa, no es artera. No se “produce” de manera artificial.
Él le recrimina precisamente eso.
Quizás ella le suscite mucho temor, ante lo débil de su identidad.

Conversa con una amiga sobre lo andrógino de sus posiciones. Una elección tanto vital como biológica.
Comieron juntas sentadas en una calle de la playa.
Un hombre en bañador, lleno de tatuajes se cruzó con una mujer de manto saharaui, contemplados por un músico callejero rumano, con un címbalo atado a su espalda.
Todos fingieron ignorarse, en un ejercicio brutal de post-colonialismo.

Las dos amigas estupefactas por la escena, acaban conversando con un indigente mexicano sobre el espacio público, la democracia y el derecho a transitarlo, ocuparlo y compartirlo.

Subir y bajar en un avión turbo-hélice, de los que se usan aquí para transitar de una isla a otra, le hizo bien.
A la vuelta se asoma a la pantalla, y allí está.
El hombre más bello de Çanakkale, deseándola.
Ella le desea también.

Ilustración: “Joven durmiendo”, miniatura de Levni, Museo del Palacio Topkapi.

Kirkê. Circe. Κιρκη.

AmazighLana

Has derramado el vino sobre mi manto negro.
No sabes el agravio que le has hecho a la Vid.

¿Acaso tus manos y las de Telémaco no están manchadas de sangre?
¿Por qué si no rehúyes la mirada?
Tus ojos bajos, pidiendo ayuda, delatan la sangre en tus manos.
La Vid y el Sarmiento te aborrecen.
Tus palabras revelan que serás ánade, si no sabes libar a los Dioses.

Soy Kirkê, a la que llaman Bruja.
Sigo aquí, en esta isla de las Hespérides.

Sí, yo, la que salvé y enamoré a Ulises.
La que transformé a sus marineros en cerdos.
Sólo por amor a él, les devolví su forma humana.

Hoy vienes a pedir mi conjuro, mi libación para lavar tus manos regadas con sangre.
Y riegas mi manto con vino, en tu torpe proceder.
No sabes cuánto te maldecirán la Vid y sus Sarmientos.

Mi nombre viene de los aros de plata que recubren mis pulsos.

Kirkoó.

Mis aros tintinean mientras estudio la forma de salvarte.

No tendrás siervo ni sierva que te asistan.
Seré una sola con Telémaco.
Madre e hijo, tú Penélope.
La del hilo mágico, vienes pidiendo magia.

Pides ciertamente lo imposible.
No es la magia quién te sanará y devolverá alegría a tus días.
Sólo el perdón de la Vid y el Sarmiento te darán la serenidad, que de mis aros solicitas.

Te daré como esposo a quién mató a tu Rey.
Era su padre, y por eso los Dioses abominan aún más de su crimen.
Podrás así volver su vida retorcida, cual sarmiento, o dulce como la uva de la Vid.

En tu mano quedará, él, y su futuro.
Su futuro es tu futuro.
¿Y vienes a pedir Magia?

¡Justicia para Khadija! Las “Afros” en el “feminismo europeo”. ¡Hola, somos la anécdota!

Hoy, escribo para “Afroféminas”.

Afroféminas

¡Justicia para Khadija! Las “Afros” en el “feminismo europeo”. ¡Hola, somos la anécdota!

Lo que nos pase a las mujeres “al sur de Algeciras”, parece no incomodar demasiado al feminismo blanco, europeo.

Quizás, sólo las torturas, violaciones y capturas para la Trata Sexual, merecen la atención de un Feminismo, con gusto por los titulares, el morbo, el destaque personal, y la escasa, o nula, atención que nos merece el día a día de las Mujeres en Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto o el Sáhara Occidental.

El caso, llamado “La Manada marroquí”, ignorando el nombre de la víctima-apenas una niña de 17 años-llamada Khadija quién pasaba el Ramadán junto a familiares en una “aldea” desconocida para ella, marroquí, secuestrada, violada, y puesta en venta como prostituta por sus secuestradores, que cobraban a los violadores que acudieron a la llamada del Machismo Bárbaro del medio rural norteafricano.

Evitaré los detalles morbosos, ya que han rellenado las únicas crónicas periodísticas en este país sobre el…

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