Will You Still Love Me Tomorrow?

¿Aún me amarás mañana?”

Es una frase que dejé de tener en mi mente hace años, muchos años.

Muchas noches de “palabras no dichas” precedieron al desencanto.

A la Pasión por mi misma y mis ideas.

Por pasar horas enteras, días, meses contemplando la nada absoluta.

Comencé a enamorarme en secreto de los dibujos, las líneas que surgían de mi lápiz al agua, que se volvía azul.

Ojos que se encontraron al borde del mar, ojos que se lamieron ante las lenguas de fuego de una hoguera en la arena.

 

Y ese mismo día, me enamoré de mi Vida, de mis Letras y Artes.

De los Animales que me acompañaron, porque el amor es así, raro

Raro como un diamante, difícil de encontrar.

Los colores de la acuarela que nunca salieron de tus ojos ni de tus labios. Las teclas del piano que no tocaban tus dedos al acariciarme.

Y, créeme, no fue fácil admitirlo.

Que detestaba todas aquellas discusiones sobre mezquindades que desvelaban la total ausencia del Amor.

Aquellos pulsos entre tu cerebro y el mío, multiplicados por cien, doscientos, por mil.

Agotado, mi corazón se refugió en el único Amor, el Uno.

Y no me refiero a aquel amor torpe de mis dieciséis años.

¿Es amor del que pueda estar segura?”, latía en mi corazón adolescente, joven e inexperto.

 

Corazón.

 

Hoy sé que es exactamente lo que llena mi Amor, elevado e incomprensible para la abrumadora mayoría.

En un año, casi dos, de esta enfermedad global que ha matado a cientos de miles, millones que también amaron, amaban y ya no amarán, tropecé con dos corazones de piedra.

Uno me dijo que “era única”, otro ni recordaba mi nombre, nunca.

Yo amé, lo que vino después ya lo borré.

 

Las chicas “Bacurau” contra el Far-West.

El sentimiento de pertenencia es lo que hace que nos sintamos identificadas con personas, hechos, políticas e incluso gestos humanos.

Pertenecemos porque nos identificamos con aquello que nos “emparenta”, el sentimiento tribal, fundamentado en la articulación de un parentesco extenso, que logra convocar a un Tribu.

Mucho ha disertado la Antropología sobre las “Tribus Urbanas”, después de desembarazarse del cinturón de hierro de las razas, y demás aspectos mezquinos que no la dejaron evolucionar hasta los días de ayer y hoy.

Se preguntarán qué diablos es Bacurau.

Es el título de un film dirigido por los brasileños Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles y ganadora del Premio del Jurado de Cannes en 2019.

Se corresponden con Bacurau, una estética, un pensamiento político y un sentimiento de “pertenencia” que me identifica como “bacuraense” sin pasar por las “cantinas con vaqueros, whisky y chicas en corsé” del Hollywood de nuestra infancia.

En una escena de la película, unos extranjeros pasan por Bacurau y la mujer pregunta: “¿Cómo se le dice a la gente que es de Bacurau?”, esperando el gentilicio adecuado como respuesta, y un niño desde su ingenuidad responde de manera inmediata: “personas”. 

El film comienza situando el “tempo” en algún lugar de aquí a unos años, que por lo tanto no existe, o puede que exista.

Tenemos imágenes en la retina que conforman nuestro pensamiento y nos producen sentimientos de pertenecía o de lejanía, que nos identifican según nuestras afinidades con lugares y hechos, o que por “desemejanza” nos hacen entender “lo que no somos”, a lo que no pertenecemos.

Educadas, las “chicas” del norte de África, en el discurso de Fátima Mernissi, que planteaba quienes queríamos ser, Simbad o el Cowboy, nos convertimos en las “chicas Bacurau” al rechazar la figura violenta armada del cowboy y abrazar al Simbad viajero que aprovechaba los monzones para viajar desde Basora a islas inexistentes desde las cuales regresar cargadas de tesoros y preciosidades.

Somos raridades marginales que nunca se identificarán con la chica desvalida que rondaba el “Saloon” del western “holibudiense”, a merced del vaquero de turno y su humor, pendencia o tamaño del revólver.

Las chicas Bacurau del norte de África reconocemos como única frontera lo rancio del Pensamiento Único, la Blanquitud extrema y el rechazo más absoluto a una violencia en la que hemos crecido y a la que hemos desterrado con la palabra.

Mestizas, orgullosas.

No se trata entonces, de conformarnos con lo que los vaqueros nos quieran dar, sea malo o bueno, sino que hemos subido a lomos del camello digital para seguir la estela de los viajes de Simbad que leímos en las 1001 Noches.

Viajamos y defendemos Bacurau, esa Matria ilusoria en la que muchas de nosotras nos sentiremos a refugio de vaqueros violadores, pendencieros a los que hemos puesto unos límites que nos pueden llegar a convertir en muy elocuentes, si se atreven a cruzarlos.

 

Bacurau”: https://es.wikipedia.org/wiki/Bacurau

Fátima Mernissi: ¿El Cowboy o Simbad (…)

¿El Cowboy o Simbad? ¿Quién vencerá en la globalización? Por Fátima Mernissi.

Las Brujas.

Le Streghe” (Las Brujas) es un film italiano de 1967 que incluye cinco historias de las que quiero señalarles una, “La strega bruciata viva” (La bruja quemada viva), dirigida por Luchino Visconti e interpretada por Silvana Mangano entre otros grandes actores.

La trama muestra a “Gloria” una famosa actriz (S. Mangano) que llega en helicóptero a una localidad invernal, invitada por su amiga para celebrar el aniversario de boda de ésta.

Gloria se desvanece y queda sin sentido, mientras sus amigos se dan cuenta de sus adornos artificiales: esparadrapos que tiran de sus ojos, pestañas postizas, mientras se los van arrancando y retirando, disfrutando de cada una de sus imperfecciones.

Fruición, maldad, envidia de un “oropel”.

Recuerden esta escena.

Gloria se da cuenta de que está embarazada y se lo comunica a su marido, quien decide que ese bebé no nacerá y la diva continuará con los compromisos de su carrera.

Gloria se recompone y se va de nuevo en helicóptero posando perfectamente maquillada para los fotógrafos.

A propósito de la tal “Ley Trans” se ha desatado un sentimiento rayano a la ciencia forense, tipo autopsia, de los procesos de transición de género y sexo, batidos enérgicamente con lo Queer, en una coctelera que va del odio a la “ventriloquía”.

Las mujeres trans* nos hemos sentido como “Gloria” durante su desvanecimiento, y se han subrayado de nosotras todo tipo de imperfecciones y maldades.

Esta escena de Silvana Mangano me impactó en la infancia, y sigue pareciéndome la mejor metáfora de ciertos procesos de “cacería, aturdimiento, autopsia y taxidermia” a personas o colectivos enteros.

También se ha ejercido la “ventriloquía” desde ciertas voces femeninas, que de tanto apoyarnos elaboraron tratados y enciclopedias sobre “como debe ser/ como es una vida trans*”, porque parecemos “desvanecidas”, pero nos levantaremos y continuaremos nuestro camino como “divas” hacia nuestras propias utopías e ilusiones, nuestro idilio propio con la vida.

No es la primera vez que nos atacan en masa. No será la última.

Somos fuertes, combativas y tenemos voz propia.

Soy rencorosa, (es broma) y mascullo en ese rencor mis pensamientos hasta que doy con una respuesta elaborada lentamente. Soy una bella serpiente llena de ciertos artificios y ornamentos que me hacen sentir bien, cómo “Gloria”.

Me interrogaban en estos días sobre “cuáles son mis referentes de mujeres trans”, y yo entendí que no responde a mi carácter, lamento ser una mujer roja hija de la Guerra Fría, sector rojo, piso Disidencia, eso de tener ciertos ídolos a los que adorar o imitar.

Sé que soy complicada y que es difícil entenderme, por eso me paro reflexiono y escribo.

El primer “referente” que me viene a la cabeza es La Ocaña, seguido de Nazario y de Shangay Lily. Por revolucionarias y por llevar consigo toda esa cultura que osciló entre lo soviético y lo viscontiniano. Entre la dureza de Pasolini y la dulzura de sus poemas.

Y dirán ustedes que ni son trans, ni mujeres, porque no, tampoco yo tengo que identificarme obligada por la urgencia de sus incertidumbres.

No pretendan que sea lo que nunca he sido ni sé si deseo ser. Respeten también la Libertad de las generaciones futuras, no se equivoquen de “referentes” ni condenen a la gente a ser “muñecos rotos” pseudo-pornográficos. Respeten nuestro derecho a dudar, equivocarnos y no tener una respuesta inmediata sobre como son nuestras vidas, como eran o serán mañana.

Ustedes están en el mismo lugar, pero no necesitan leyes “especiales” para tener Derechos Humanos, para acceder a un trabajo o ser respetadas en el espacio público. Piensen por qué.

Las mujeres “imperfectas”.

Farah Dunas

 

 

En estos días leía en una red social como una chica transexual había sido interpelada por una señora al ir al baño sentido, esto es femenino, y la señora le disparó “el baño de los hombres es al lado”.

La chica en cuestión continuaba diciendo que ella “ese día creía tener su “pass” conseguido” y me intrigó este asunto, aunque sobrentienda que quiere decir.

 

 

Si entendemos lo que significa la identidad, la “moda antropológica” de una sociedad concreta, y la presión de la industria cosmética, quirúrgica, podremos entender el eje entre esta “auto-exigencia” que se ejerce desde fuera a la comunidad transexual, y la autoestima, y satisfacción con la auto percepción de las personas que la componen.

 

Las exigencias en la indumentaria, la moda o el canon de belleza de una comunidad, llamadas “moda antropológica”, no son fijas. Están sometidas al paradigma dominante en ese momento.

La exigencia del “passing”, o “cis-passing” forman parte de la nueva nomenclatura establecida a la hora de tratar elementos de la comunidad LGTBI.

Probablemente tienen muchísimo que ver con la seguridad física y psíquica de las personas Trans que sufren, o podrían sufrir, agresiones tránsfobas, ya sean físicas o verbales.

La traducción, ignoro de dónde se ha tomado este término anglosajón, sería “pasar (inadvertida)” dando una imagen personal acorde con el sexo sentido, y sobre eso se expresan algunas personas trans, como la chica mencionada al inicio.

Otras personas trans hablan sobre “ser ridiculizadas si aún conservan rasgos o marcas de su carácter biológico anterior a la transición, sea hormonal y/o quirúrgica”.

 

Mujeres y hombres hetero, o lesbianas y bisexuales reciben las mismas presiones por diferentes motivos, imperfecciones físicas, que al final vienen a mostrar claramente que las Fobias que estigmatizan estas mal llamadas “comunidades” o “colectivos” se adhieren a la moda antropológica heteronormativa, cuando no directamente a cuestiones Machistas y Patriarcales, a la hora de recibir este supuesto “passing”. Las individualidades Trans, viven exactamente las mismas contradicciones de toda la Sociedad Post-Capitalista en ciernes. El avance del Conservadurismo, e incluso del Totalitarismo contemporáneos, disfrazan a “Gremios” medievales, incluidos algunos sectores de Feminismo, que se Auto-Proclama “Único y Verdadero”, al que yo denomino “Feminismo Guaidó”.

Las imperfecciones, sean del tipo que sean, son inherentes a la Comunidad Humana, y si pudiésemos observar a quienes nos agreden por estos motivos, veríamos más de una aflorar, junto con su intolerancia fruto de un ideal político de Pensamiento Único, trasladado al Género y la Sexualidad de las personas agredidas.

Un excesivo celo en este asunto del “Cis-passing” en las personas trans, lleva a cuestiones angustiantes, de “marginalidad física” (los patos azules en la Comunidad de la moda antropológica de los Patos Amarillos, dominantes) y de gran sufrimiento, que pueden llevar al asesinato por ser transexual. “Los Patos Amarillos, dominantes, picotearán al pato azul “diferente” hasta eliminar la anomalía de la moda.

 

Prescindir de tal auto-exigencia, o no convertirla en feroz agresión por “ser imperfecta”, establecería el refuerzo del Sujeto Político, frente a la opresión ejercida por el Hetero-normativismo, las presiones de la Industria de la Moda o de la idea equivocada de que como “la medicina lo resuelve todo”, lo ideal sería pasar por el quirófano para “corregir” la imperfección que nos causa sufrimiento.

 

Sólo intento hacer una reflexión personal a través de todo esto, y nunca dejar por sentado nada, ni establecer ninguna verdad dogmática.

 

Me gusta ser imperfecta, y probablemente mi identidad se haya construido en base a esa cualidad. La identidad influye en cómo somos percibidas por “los otros”, y también en la conformación del físico, las prendas que nos gusta vestir y el calzado con el que andar en el mundo, conformando una “marca única”, frente a la uniformidad que preconiza ese tipo de sociedad heteronormativa.

Soy una mujer madura que ya hizo su “transición” hormonal en la adolescencia, y aún hoy siento la misma presión, quizás por no “estar muy hecha” (en palabras de una doctora internista que conozco) ya que no he sido partidaria de cirugías correctoras del rostro o cosas de ese tipo.

Siempre me parecieron imperativas la evolución política de mi ser, el estudio, la lectura y la escritura que creo que también son nuestra marca más personal, seamos del sexo que seamos, sentido o biológico, e independientemente de con quién deseemos tener sexo dado nuestro “sexo de partida” a la hora de establecer este tipo de relaciones humanas.

Igual que el Paradigma social va cambiando, evolucionando o involucionando siempre en base a criterios económicos según mi análisis, también las personas que conformamos tales comunidades variamos, sintiéndonos más de acuerdo con nuestro físico, indumentaria y modo de actuar.

Tener identidades muy marcadas nos hará padecer los vaivenes de los “cambios de rumbo” de lo socialmente aceptado o no, según mi opinión, y creo que sería mejor cultivar nuestro sujeto político y social, para afrontar de manera solvente las opresiones y coyunturas adversas que se puedan dar en el devenir de nuestras vidas.

Pier Paolo Pasolini decía gustar de tomar planos cortos de un pómulo, un ojo, el cuello, para luego abrir el plano y mostrar el rostro, independientemente de si era bello. Lo propongo como ejercicio de aceptación, comodidad, y con el fin de la mayor evolución del Ser.

 

Fotografía de Efrén Díaz Hernández, de la autora en Jandía Fuerteventura.

Girasoles, Milagros y Afectos.

“…Cogeremos los girasoles del fin del año…” Djavan.

 

Quiero fingir que mi alma no llora en forma de moco, tos y resfriado.
Agarro la excusa para cantar silbar por las calles, esa musiquita que habla de Milagros.

 

La agarro muy fuerte.
La dejo ir.

 

Tú traición, una más, dejó nuestra casa sumida en la enfermedad.

Una nube de parásitos imaginarios, nos atacan.

 

A las únicas y verdaderas propietarias de esta, nuestra, casa.

Una mujer, fragilizada y precaria, asistida por una perra con alma de loba durante trece años.

Nos queremos y consolamos.

Durante estos trece años ha habido intentos de emocionarme. A veces he dejado que crean que lo han logrado.

 

Me gusta comprobar hasta dónde quiere llegar la miseria humana, la mezquindad y el desamor.

Nadie ha logrado desplazar ni un milímetro a Habiba de mi corazón.

Todas las “candidaturas” han fracasado o han sido rechazadas.

 

 

 

Tengo unas amigas que son como diamantes.

Aquilatadas en nuestra experiencia de mujeres maduras.

Somos duras, nuestras aristas cortan, y somos muy sensibles, acristaladas.

Desechadas por la mercadotecnia, que todo lo mide.

Descatalogadas, y sin prisa por responder.

Meditabundas, mismo en grupo, aportando soledades ricas y llenas de conflictos, problemas cotidianos y contradicciones.

 

 

 

Tres conflictos y quince insultos más allá, recuperó el aliento.

Eso pensaba.

El aliento no volvía y se dio un tiro de bronco-dilatador, del más barato.

Cura más, y respiras mejor…

 

El hijo más bello de Çanakkale.

Joven durmiendo, miniatura de Levni, Museo del Palacio Topkapi.

Todo comenzó un mes antes.

Volverlo a ver significaba para ella un mar de incógnitas, pero esta vez, en un Océano de certidumbre.

Sus palabras ya no significaban nada para ella.
Su opinión no era tenida en cuenta.

Quizás ella había deseado verle para tener la certeza de que ni le amaba ni le había amado jamás.

Cuando él percibió la frialdad y la altura de la mujer, se sintió minúsculo, insignificante. Miserable.

El placer fue real, para ambos. Nada más allá para ella.

Él fingió que estaban en igualdad de condiciones, hasta que exhibió todo su plumaje de celos, comparaciones y un último intento de abatirla, cual presa de su cacería.
No podía imaginar que ninguna de sus palabras, pensadas para herirla en lo más profundo, hacerle el mayor mal posible, no tenían ningún efecto en ella.

La juventud, el placer con otros hombres menos dañinos, y el gusto por la contemplación masculina que ella había desarrollado en ese año sin verse, lo dejaron fuera de combate.

Ni una sola de sus palabras fueron tenidas en cuenta, y al darse cuenta, arremetió contra ella desde la distancia que da el cyber-mundo.
Ella es real. Siempre lo ha sido, con la ayuda de pasar graves contratiempos, cánulas en sus venas para salvar la vida.

La frialdad de lo que realmente es importante en la vida la poseía. Temeraria, tenaz, poco preocupada por su aspecto. Ella prefería la palabra portuguesa “Destemida”, menos arrogante y que explicaba de manera excelente la ausencia de temor.
Su femineidad no es mañosa, no es artera. No se “produce” de manera artificial.
Él le recrimina precisamente eso.
Quizás ella le suscite mucho temor, ante lo débil de su identidad.

Conversa con una amiga sobre lo andrógino de sus posiciones. Una elección tanto vital como biológica.
Comieron juntas sentadas en una calle de la playa.
Un hombre en bañador, lleno de tatuajes se cruzó con una mujer de manto saharaui, contemplados por un músico callejero rumano, con un címbalo atado a su espalda.
Todos fingieron ignorarse, en un ejercicio brutal de post-colonialismo.

Las dos amigas estupefactas por la escena, acaban conversando con un indigente mexicano sobre el espacio público, la democracia y el derecho a transitarlo, ocuparlo y compartirlo.

Subir y bajar en un avión turbo-hélice, de los que se usan aquí para transitar de una isla a otra, le hizo bien.
A la vuelta se asoma a la pantalla, y allí está.
El hombre más bello de Çanakkale, deseándola.
Ella le desea también.

Ilustración: “Joven durmiendo”, miniatura de Levni, Museo del Palacio Topkapi.

Kirkê. Circe. Κιρκη.

AmazighLana

Has derramado el vino sobre mi manto negro.
No sabes el agravio que le has hecho a la Vid.

¿Acaso tus manos y las de Telémaco no están manchadas de sangre?
¿Por qué si no rehúyes la mirada?
Tus ojos bajos, pidiendo ayuda, delatan la sangre en tus manos.
La Vid y el Sarmiento te aborrecen.
Tus palabras revelan que serás ánade, si no sabes libar a los Dioses.

Soy Kirkê, a la que llaman Bruja.
Sigo aquí, en esta isla de las Hespérides.

Sí, yo, la que salvé y enamoré a Ulises.
La que transformé a sus marineros en cerdos.
Sólo por amor a él, les devolví su forma humana.

Hoy vienes a pedir mi conjuro, mi libación para lavar tus manos regadas con sangre.
Y riegas mi manto con vino, en tu torpe proceder.
No sabes cuánto te maldecirán la Vid y sus Sarmientos.

Mi nombre viene de los aros de plata que recubren mis pulsos.

Kirkoó.

Mis aros tintinean mientras estudio la forma de salvarte.

No tendrás siervo ni sierva que te asistan.
Seré una sola con Telémaco.
Madre e hijo, tú Penélope.
La del hilo mágico, vienes pidiendo magia.

Pides ciertamente lo imposible.
No es la magia quién te sanará y devolverá alegría a tus días.
Sólo el perdón de la Vid y el Sarmiento te darán la serenidad, que de mis aros solicitas.

Te daré como esposo a quién mató a tu Rey.
Era su padre, y por eso los Dioses abominan aún más de su crimen.
Podrás así volver su vida retorcida, cual sarmiento, o dulce como la uva de la Vid.

En tu mano quedará, él, y su futuro.
Su futuro es tu futuro.
¿Y vienes a pedir Magia?

¡Justicia para Khadija! Las “Afros” en el “feminismo europeo”. ¡Hola, somos la anécdota!

Hoy, escribo para “Afroféminas”.

Afroféminas

¡Justicia para Khadija! Las “Afros” en el “feminismo europeo”. ¡Hola, somos la anécdota!

Lo que nos pase a las mujeres “al sur de Algeciras”, parece no incomodar demasiado al feminismo blanco, europeo.

Quizás, sólo las torturas, violaciones y capturas para la Trata Sexual, merecen la atención de un Feminismo, con gusto por los titulares, el morbo, el destaque personal, y la escasa, o nula, atención que nos merece el día a día de las Mujeres en Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto o el Sáhara Occidental.

El caso, llamado “La Manada marroquí”, ignorando el nombre de la víctima-apenas una niña de 17 años-llamada Khadija quién pasaba el Ramadán junto a familiares en una “aldea” desconocida para ella, marroquí, secuestrada, violada, y puesta en venta como prostituta por sus secuestradores, que cobraban a los violadores que acudieron a la llamada del Machismo Bárbaro del medio rural norteafricano.

Evitaré los detalles morbosos, ya que han rellenado las únicas crónicas periodísticas en este país sobre el…

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Carnavalizar…

Esta será la única opción que nos deje la Cretinocracia.

Consumir, el único Derecho garantizado.

Carnaval, la única manifestación popular admitida.
Tribunales, ejércitos de policías de variados nombres y uniformes, nos impedirán hablar.

Ya lo hacen.

El Carnaval es alegre.
Chabacano.
Sórdido.

Quien conoce Brasil sabe, que después de que la muchedumbre baile por horas y horas, queda un rosario de violaciones, torturas y asesinatos.
Cuentas desgajadas y ensangrentadas por una fiesta que muda su calendario en función de la Cuaresma.

Acaba el Miércoles de Ceniza.
La Ceniza, símbolo de luto en la cultura judía, es la clave con la que pasar el resto del Año.

¿Besó usted al Soldado de Plomo polaco?
Muy bien.

¿Bailó con Pierrot y Colombina, la pastora?
Muy bien.

¿Votó usted en las últimas Elecciones?
Muy bien.

El jueves posterior, vuelva usted a la esclavitud diaria.
Sólo seis días de Carne.
El resto del año, ceniza.
Bienvenido al Fallo Humano. Es la norma.