Las Brujas.

Le Streghe” (Las Brujas) es un film italiano de 1967 que incluye cinco historias de las que quiero señalarles una, “La strega bruciata viva” (La bruja quemada viva), dirigida por Luchino Visconti e interpretada por Silvana Mangano entre otros grandes actores.

La trama muestra a “Gloria” una famosa actriz (S. Mangano) que llega en helicóptero a una localidad invernal, invitada por su amiga para celebrar el aniversario de boda de ésta.

Gloria se desvanece y queda sin sentido, mientras sus amigos se dan cuenta de sus adornos artificiales: esparadrapos que tiran de sus ojos, pestañas postizas, mientras se los van arrancando y retirando, disfrutando de cada una de sus imperfecciones.

Fruición, maldad, envidia de un “oropel”.

Recuerden esta escena.

Gloria se da cuenta de que está embarazada y se lo comunica a su marido, quien decide que ese bebé no nacerá y la diva continuará con los compromisos de su carrera.

Gloria se recompone y se va de nuevo en helicóptero posando perfectamente maquillada para los fotógrafos.

A propósito de la tal “Ley Trans” se ha desatado un sentimiento rayano a la ciencia forense, tipo autopsia, de los procesos de transición de género y sexo, batidos enérgicamente con lo Queer, en una coctelera que va del odio a la “ventriloquía”.

Las mujeres trans* nos hemos sentido como “Gloria” durante su desvanecimiento, y se han subrayado de nosotras todo tipo de imperfecciones y maldades.

Esta escena de Silvana Mangano me impactó en la infancia, y sigue pareciéndome la mejor metáfora de ciertos procesos de “cacería, aturdimiento, autopsia y taxidermia” a personas o colectivos enteros.

También se ha ejercido la “ventriloquía” desde ciertas voces femeninas, que de tanto apoyarnos elaboraron tratados y enciclopedias sobre “como debe ser/ como es una vida trans*”, porque parecemos “desvanecidas”, pero nos levantaremos y continuaremos nuestro camino como “divas” hacia nuestras propias utopías e ilusiones, nuestro idilio propio con la vida.

No es la primera vez que nos atacan en masa. No será la última.

Somos fuertes, combativas y tenemos voz propia.

Soy rencorosa, (es broma) y mascullo en ese rencor mis pensamientos hasta que doy con una respuesta elaborada lentamente. Soy una bella serpiente llena de ciertos artificios y ornamentos que me hacen sentir bien, cómo “Gloria”.

Me interrogaban en estos días sobre “cuáles son mis referentes de mujeres trans”, y yo entendí que no responde a mi carácter, lamento ser una mujer roja hija de la Guerra Fría, sector rojo, piso Disidencia, eso de tener ciertos ídolos a los que adorar o imitar.

Sé que soy complicada y que es difícil entenderme, por eso me paro reflexiono y escribo.

El primer “referente” que me viene a la cabeza es La Ocaña, seguido de Nazario y de Shangay Lily. Por revolucionarias y por llevar consigo toda esa cultura que osciló entre lo soviético y lo viscontiniano. Entre la dureza de Pasolini y la dulzura de sus poemas.

Y dirán ustedes que ni son trans, ni mujeres, porque no, tampoco yo tengo que identificarme obligada por la urgencia de sus incertidumbres.

No pretendan que sea lo que nunca he sido ni sé si deseo ser. Respeten también la Libertad de las generaciones futuras, no se equivoquen de “referentes” ni condenen a la gente a ser “muñecos rotos” pseudo-pornográficos. Respeten nuestro derecho a dudar, equivocarnos y no tener una respuesta inmediata sobre como son nuestras vidas, como eran o serán mañana.

Ustedes están en el mismo lugar, pero no necesitan leyes “especiales” para tener Derechos Humanos, para acceder a un trabajo o ser respetadas en el espacio público. Piensen por qué.

Las Mujeres de Tizi-Ouzou.

“Autorretrato”, ilustración original de la autora, varias técnicas.

El cielo gris plomizo que la saludó al amanecer le trajo el recuerdo de Argel.

Argel maltratada, ultrajada. Asesinada, degollada y obligada a usar velo.

Un velo que significó la Libertad de las Mujeres en la Guerra de la Independencia.

Cargaban fusiles “AK” debajo del “Haik”, una prenda confeccionada con una mezcla de lana y seda, al 50%.

Si las Mujeres somos más, alrededor del 51% de media, ¿por qué estamos obligadas al mismo debate, eterno?

¿Por qué las Mujeres de “Tizi-Ouzou” libres y alejadas de ese Islam atávico, rigorista y falso fueron dobles víctimas?

El sudor del calor mezclado con arena del Sáhara en suspensión corrió por su labio superior, camino de su barbilla tatuada. Bajo la “mascarilla”, pelo suelto, sudada la nuca al estilo del nordeste brasileño.

La incomunicación impedía que ciudades casi iguales en esclavitud, machismo y pobreza racial se conocieran.

¿Cómo Río de Janeiro, Recife o Salvador no conocían a sus hermanas Casablanca, Argel u Orán?

“Pobre Conferencia de Bandung,– pensó mientras se secaba el sudor de la nuca-que un día significó tanto que partió en tres el Eje de la Guerra Fría”.

Cuba, Angola, Uganda de Idi Amín.

Brasil, Mozambique y la India gigantesca.

La ciudad costera invadida por la Calima dormitó su estancamiento, que sólo se veía alterado por la conversación que reclamaba sobre “las medidas sanitarias”, y “el sudor bajo la mascarilla”.

Deambulaban las gentes de aquella ciudad chiquita, como una roca incrustada en el Océano.

Nadie la llamó

Sólo se comunicaban reivindicaciones, quejas y lamentos.

Cero iniciativas comunes en aquella ansia de poseer cosas.

Aquella manía de “la propiedad privada”, que les privaba de una comunicación colectiva y beligerante.

No quería oír hablar de “solidaridad”, aquel espectro quejumbroso llegado de lo clerical.

Los puñetazos saben mal, a óxido y sangre.

Rompen huesos y destruyen impunidades.

La “ropa deportiva” sustituyó a la violencia necesaria, que algo mudase.

Ajena a lo masculino, no mascullaba ninguna “revolución” por lo bajo.

No rumiaba contra “estrategias políticas equivocadas”, ella se enfrentaba a cara de perro.

Como las Mujeres de “Tizi-Ouzou”.

Anacarda Harrison-Ford.

Hurufiya

Anacarda no comprendía cómo el simple eco de su apellido compuesto, su “feminismo clasista” anclado en las canas de sus ideas sesenteras, no la habían convertido en un ente importante y potente

No era consciente, Anacarda Harrison-Ford, de vivir en una ciudad pequeña y ultra-provinciana, de medio pelo.

Una ciudad-residuo colonial no resuelto en la década de los 70, cuando debió ser devuelta y reintegrada al África geográfica y emocional al que pertenecía por naturaleza.

Anacarda lo había intentado todo.

Abusar de su privilegio de rica venida a menos para ser universitaria, cosa que logró con un resultado mediocre.

Anacarda se casó, pero una vez habida una hija, se desprendió de cualquier relación que la alejara del clan Harrison-Ford.

Educó a su hija en una estupidez excéntrica, y la hija obedeció en todo.

Al Clan mafioso-familiar al que pertenecía Anacarda, los Harrison-Ford, los identificaba una salud debilucha, de “genes” europeiformes trasplantados al África subtropical por mor del comercio con el Reino Unido, anteriormente “Imperio Británico”.

Anacarda Harrison-Ford languidecía, contra-programando y fustigando cualquier disenso con su modelo de pensamiento, que guardaba cierta similitud con su pelo.

Llamémoslo “feminismo asmático”, por el poco fuelle intelectual y por apoyarse en un mujerismo torpe, esgrimido como arma contra toda aquella que osara contrariar su opinión, mucho menos contradecirla.

Usaba para tales fines, Anacarda, una máscara corporal masculina, cabello gris cortado en un intento de aproximarse a Greta Garbo, y atuendo hippie-clasista-demodé.

Su voz era de cascarrabias, sin entender a sus casi setenta años, que no le correspondía vivir en el paralelo 28 que murchaba sus pulmones anglófilos.

Andaba por aquellos días aciagos, Anacarda, contrariada pues sus planes de vivir en una Comunidad Anciana Clasista, también se habían murchado.

¡Atención!

“Este es un aviso del Ministerio de Salud de los Clones. Este texto contiene ilustraciones que pueden herir la sensibilidad de las lectoras anacardiáceas. De hecho la contiene con el fin de herir, y así curtir, el alma sensible de la protagonista.”

Texto e ilustración originales de la autora. “Aviso” realizado por @MDesencadenada en conversación incidental.

¿El Cowboy o Simbad? ¿Quién vencerá en la globalización? Por Fátima Mernissi.

Fatima-Mernissi-Moroccan

 

  1. ¿Por qué tenemos miedo al extranjero? Porque tememos que nos agreda y nos lastime. Todos tenemos miedo al Cowboy porque si un desdichado extranjero se acerca a sus fronteras, automáticamente saca sus revólveres. Sin embargo, no tenemos miedo a Simbad el Marino. En la civilización del Cowboy el extranjero siempre es el enemigo porque el poder y la gloria proceden del control de las fronteras; en la de Simbad, sin embargo, el diálogo con el extranjero enriquece.

1.1. Simbad es lo contrario de un emigrante. Siempre regresa a su punto de partida, que es Bagdad. Simbad no era una mera ficción, representaba a una clase de mercaderes de Bagdad que obtenía riqueza y placer de los viajes y de la comunicación con el extranjero: Simbad representaba a toda una civilización de viajeros-comunicadores y la islamización de Malasia, Indonesia y parte de China no se logró con ejércitos, sino fundamentalmente gracias a los mercaderes sufíes que hablaban de su nueva religión: un islam donde el extranjero es el mejor aliado.

 

 

  1. Pero ¡cuidado! No identifiquen automáticamente al Cowboy con la civilización americana y a Simbad con la árabe; de lo que yo quiero hablar aquí es del modelo de extranjero. Quiero sugerir la hipótesis de que nuestro modelo de extranjero nos viene impuesto por los intereses de la élite que controla el Estado y su máquina burocrática; si Simbad representa un héroe en el Bagdad del siglo IX y, concretamente en el reinado del Califa Harun er-Rachid, es porque en aquel momento el Estado era todavía incipiente y la élite dirigente podía acumular riquezas y poder gracias a un islam que en esencia era una estrategia de comunicación.
  2. Pero un siglo más tarde, en la misma dinastía abasida que seguía reinando en Bagdad, aparece un Califa Cowboy: al-Mu’tadid, que declaró la guerra a Simbad, prohibió a los musulmanes el acceso a los especialistas que enseñaban el arte del diálogo y censuró los libros que explicaban las técnicas de comunicación. ¿Por qué? Porque nuestro Califa Cowboy tenía a su disposición un formidable Estado con una burocracia imperial creada por los consejeros persas. Conclusión: es posible imaginar, tomando como modelo a Simbad, una globalización en la que el papel de los Estados consista en facilitar a los ciudadanos el conocimiento de las técnicas de comunicación y el arte de la navegación y del viaje; porque Simbad, como ya he dicho, es lo contrario del emigrante. Siempre regresa a Bagdad. Pero ¿de dónde se sacaría el dinero para enseñar las técnicas de comunicación a los ciudadanos? Bastaría con transferir el dinero que los cowboys destinan a fabricar armas para espías, policías y soldados, a las instituciones que enseñan el arte del diálogo. ¿Quién va a perder con este cambio? Los ciudadanos, no, desde luego.

Extracto del discurso de Fátima Mernissi.

 

 

 

* Este artículo apareció en la edición impresa de “El País” del viernes, 24 de octubre de 2003.

* Foto

Creador: Graziano Arici 
Copyright: © Graziano Arici – http://www.agefotostock.com

“Interior”. Visiones de una “interiorana”.

Bajada del Bailadero, Anaga-Tenerife.

 

El policía le escupió un chiste a través del portero eléctrico de la Comisaría, cerrada a cal y canto por efecto de la Pandemia.

Se marchó, después de agradecerle con su tono de voz más comercial y fingir una leve sonrisa sonora.

 

Abandonó aquel lugar humillante y se topó de bruces con un cristal enorme, delante de un local. En la parte superior, un cartel rezaba “Proyectos de Interior”.

En el “interior” un hombre joven, con gafas y “ropa social”, como dicen en el Nordeste brasileño, vegetaba ante la pantalla de un ordenador.

 

Siguió andando y rondándole en la cabeza “Proyectos de Interior”, mientras se interrogaba a sí misma sobre el “interior”, el suyo propio y el de los demás.

Sobre cómo se construye el “interior”.

 

En Brasil el “Interior” es el espacio geográfico opuesto al “Litoral” y conforma un mundo complejo.

Sierras, mesetas, desiertos poblados por arbustos espinosos. Cañones de vértigo, muy altos y cascadas que se despeñan por precipicios enormes.

Así es también nuestro propio “interior”.

Precisa de reserva, cuidado y planificación.

 

“DECISIONES decorativas que LAMENTARÁS, según las ¡interioristas!…”

Me asaltó la vista en una Red Social.

Sigo mascullando la idea, en silencio, amando mi soledad.

 

La Soledad es un Tesoro que todo “interior” dispuesto a ser “diseñado”, situado geográficamente, y finalmente decorado, debe tener como mejor compañía.

Leo, mientras cultivo un “interior” diseñado exclusivamente para mí.

Nordestino, lejos del Brasil geográfico que apuntala mi alma, y con raíces aéreas de orquídea pues parasita lecturas, pensamientos y versos llegados de todas direcciones.

 

 

 

Silencio.

Para ver.

Más allá.

 

 

Dónde no hay silencio, no hay “interior”.

Hemos pasado mucho tiempo en el “interior”, en silencio y en soledad, confinadas.

Uso mi miedo para refugiarme en mi “interior”.

Lo comparto.

El rostro amado besa mi “interior”, con pasión, calor y arrobamiento sensual.

No conozco mayor felicidad que vivir en el “interior”.

 

 

“Interiorana”:  https://educalingo.com/es/dic-es/interiorana

El Diván.

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Acarició sus pensamientos en completa soledad.

Quiso mesar la barba amada, pero estuvo ausente del “matrimonio iraní por horas.”

Contempló los prodigios en forma de signo que visitaron su vida.

Un caracol de viscosa y lenta huella.

 

Comieron solas, ella y la banda de lobas y leonas que la acompañan.

Resonaron los acordes del maqam iraquí, con voz de mujer.

Pasearon sus ojos por alfombras, telas, pinceles, lápices y rodillos.

Tales eran las joyas que adornaban su total desnudez, en el sopor caluroso del mediodía.

 

Conversa matutina, sertón y cachimba femenina, baiana.

Dos décadas atrás.

Retrocedió y observó con la perspectiva de un mascarón de proa.

No quiso volver a aquel mal sueño, dónde murió el amor.

Alemán y guaraní. Brasileiro.

Sólo amó en silencio, torturada por la urgencia latinoamericana.

 

Hoy vivía suspendida en “matrimonio iraní, por horas.”

Horas establecidas por su Libertad, por el amor deshilachado que le iba quedando.

Sintió la falta de la barba que ella acariciaba, en aquel amor ingrato.

Murió la Democracia, en aquel amor de ella.

Cerraba los ojos y veía un diván afgano, de los que se ponen en el patio a la entrada de la casa.

Una fuente turquesa y verde, de azulejos, acababa por componer su sueño.

Ellos, dos carpas rojas, de las que se compran en Nawruz.

Nadando en círculos, engordando para morir.

 

Ilustración

Love Charms, a Sufi poem/kafi by Bulleh Shah painted by F. Zahra Hassan (text and painting from an album produced in 1997 in London.” https://fatimazahrahassan.com/2009/06/03/love-charms/

La República de las Mujeres.

Campamento

 

Le despidió con una Bulería.

“…Se acabaron los pleitos, primo

Que a ti te quiere tu madre, y a mí me quiere la mía…”

 

Y emprendió el Camino, sola.

Una vez más, armada de lápices, cuadernos, mapas y fotografías.

Ésta vez contaba con su voz y una grabadora.

Decidió contar cada paso que diera.

 

Ahora, aumentada la alegría de la Tribu con la gata-leona Wafa, que se unió en amor a Habiba, la Loba y Farah, la Exploradora.

Emprendieron la vía de asfalto, ardiendo por la canícula.

Las diminutas patas de la gata leona se protegieron sobre el lomo de la loba Habiba, que la cargó, haciéndola suya.

Todas con el firme compromiso de amarse y cuidarse, así como Farah con sus hermanas de Camino.

Un camino que cambiaría de los callados de playa a dunas altas, allá por los arenales.

 

El Campamento de Mujeres, que las tres transitaban, estaba hecho con ladrillos de Amor y cemento de Cuidados.

Firmes eran las paredes, y ellas amantes de los hombres, mujeres, niñas y niños. Jóvenes, viejas y animales.

 

República de las Mujeres en Expedición, y saltarían a las ondas de la Radio, una vez superado el obstáculo de Mercurio, enfadado desde meses atrás.

Habían logrado un acuerdo y transmitirían su amor por la Tierra y los Océanos, allá abajo, al sur de Agadir.

Sin reyes ni coronas, en alegre parlamento de risas, vino bulerías y alegría.

“…Como dos animais…”

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Observó impaciente la pantalla.

 

El muchacho delgado con alma de Zorro sahariano, no le escribía ya hacía una semana.

Descubrió en sus ojos, parecidos a los de un Lemur, todo el Deseo y el Amor del Mundo.

Fue feliz abrazándolo bajo la catarata de la ducha.

Los besos ese día, sabían a acacia espinosa.

Ella, Jirafa adulta, conocía bien el sabor fresco de aquellas ramas y hojas.

Su lengua, dotada por la Evolución de una especialidad para masticar las espinas del las Acacias, practicó con la del Zorro sahariano una danza maravillosa. Erótica y antropofágica.

Y siguió ella pensando en el Zorro delgadito, de mirada miope, como la suya.

El amor fue, entonces, miope.

Gata y Perra corrieron y jugaron.

Ellos dos hicieron lo mismo. Del sofá a la cama, de la cama a la ducha, amándose en un juego agotador.

Se sobreponían así a dos años sin olerse, lamerse y no verse.

Los dos, el Zorro y la Jirafa, miopes.

 

 

Texto e ilustración de la autora, Derechos Reservados por Licencia de “Creative Commons”.

Titulo: “Como dos animais”, Alçeu Valença.

https://www.letras.com/alceu-valenca/44009/

“…Yo también soy lo oscuro de la noche…” Clarice Lispector.

Alagoas

 

Como si de atravesar el Polo Norte en soledad se tratase, emprendió ella la vida en solitario.

Una soledad rica, llena de amistad, mapas, libros y animales.

Quién sabe si su mayor defecto fue ese, considerarse un animal más, lejos de pretensiones pensantes que teorizan vidas ajenas.

A duras penas comprendía la suya, cual detective que se lanza a la caza de sus múltiples errores y defectos.

A la inexorable esclavitud de respirar y comer, que algunas gentes llamaban “privilegio” era imposible sustraerse.

De su respeto por saber mantenerse en segunda fila, sin hablar en nombre de nadie, empeñada en una colectividad imprescindible, jamás se hablaba.

Ese empeño en resaltar los defectos y carencias ajenas, que la sabiduría milenaria había descrito con esmerado detalle, ese minusvalorar el esfuerzo ingente que hacemos todos los seres por seguir la senda marcada el día que nacimos.

Las infinitas posibilidades de intentar ser mejor, de dialogar, aprender de la colectividad.

Ni un solo ser del amplio catálogo de especies e instintos, ni uno sólo, era tenido por menos en su apacible vida.

Sí, hasta eso aprendió, la alegría y la ilusión que trae la Paz.

Una Paz “que te hace permanecer vigilante”, según la sabiduría de María Zambrano; para que la Paz se consolide y sea continua.

Ese merecido descanso de haber dado lo máximo de una misma para que la Verdad “conmueva hasta a los más tercos e imposibles de conmover de todos los seres”.

Discúlpenme si no puedo más, si la vida me obliga a pararme, observarme y cuidarme, “porque yo también soy los oscuro de la noche” como decía mi querida Clarice Lispector.

 

Ilustración y texto originales de la autora, todos los derechos reservados.