«El Diván»

Te besé amor mío.

Me besaste amor. “Mi vida” te dije.

Me acariciaste el corazón herido de muerte y me sentí aliviada.

Esperando el momento de la soledad para agradecer al cielo que te envíe, una vez tras otra.

Que tu llave abra mi puerta.

Que tus labios acaricien los míos.

En el Diván afgano que volví a preparar para nosotros.

Bebí sola el licor del Amor, echando de menos tus brazos, hasta el minuto en que vuelvas.

Hasta que el aroma del café se mezcle con el de nuestros cuerpos en el Amor.

Allí nos pueden encontrar, hasta que subamos a nuestra alfombra y huyamos, volando.

Veremos las cúpulas turquesa de Isfahán y volaremos hasta Rajasthán, al festival de Rama, con la luna llena y los camellos.

Allí me verás bailar girando, posesa de la paz que has dado a mi alma.

Dejaremos atrás los retratos pintados con lágrimas azules, delante, sólo la Luna llena.

El lago dónde nadaremos sudando por la danza, lleno de flores y velas flotando.

Así será nuestro sueño, Amor.

No habrá Genio ni Ifryta que lo impidan, serán cómplices de nuestro calor que ha fundido las murallas de plomo y oro.

«Lloraron los cielos desde la primera noche que se amaron hasta tres meses después.

La lluvia fue el Signo que certificó aquella unión, las lágrimas se le añadieron hasta formar una inundación».

Ilustración Arte Safávida, Isfahán. “Mujer tomando vino en soledad”.

Nadie más que tú…

Nadie más que tú podría saludarme ante la belleza de la voz palestina.

Canta sin adornos, a capella.

Nosotras somos lo contrario.

Un mundo de collares, pulseras, pendientes y Hiyabs de todo tipo de tejido.

Traficamos con vestidos, melfas, foulards y pantalones.

Joyas de plata amazighs y mantos tejidos en Mali.

¿A quién le hablaré de Abdelá Taia?

Con quién compartiré con fruición sus novelas, que juntas hemos atesorado, una a una.

Tu risa socarrona no certificará nuestras diatribas políticas.

Nuestra Comuna de Mujeres tendrá que resistir al asedio sin tu majestuosa presencia, hiyab al hombro y botas con monedas de El Cairo.

Con quién hablaré del ajuste del salario, del papel de la máquina expendedora y del recorte sanitario que nos ha matado las ganas.

Me saqué ayer los dos ojos para comprar las bombonas, para poder cocinar y bañarme, pero eso sólo nos importa a ti y a mí. A las Pobras.

Punta Mujeres, Marrakech, Lisboa y El Cairo te echarán de menos.

Nunca tanto como nosotras, a las que tu estrella iluminó y guió tantas veces.

 

“Décimas de Carmita García”, por Juan Betancor, Tuineje Fuerteventura 1900-1996.

1

“Dice Carmita García

-Si no cambia mi intención

me marcho con mi Ramón

al llano de Bastián Díaz.

Ya no quiero más folías

tampoco quiero bailar

sólo quiero amar

y por lo tanto me voy.

La que siempre he sido soy

si bien me saben mirar.

2

Quise con ansia a Ramón

y él me adoró con ternura

y fue tanta mi locura

que le entregué mi corazón.

Y aquella dulce ilusión

mi casa me hizo dejar

sólo por ir a abrazar

al hombre que tanto adoro.

¡Ay! cuando lo pienso lloro

y sufro por querer gozar.

3

Mi hermano marcha a la guerra

para defender a España

y yo pisando esta tierra

por culpa de quién me engaña.

Sola dejé la cabaña,

pobre choza en que nací

por eso lloro ¡ay de mí!

que me perdí sin reparo

y tendré que pagar caro

el amor que puse en ti.

4

En el amor como la rosa

que tan bonita parece,

cuando en el rosal se mece

no hay que dudar que es hermosa.

Es cual la luz primorosa

que nos alumbra de día,

es cual la mujer perdida,

o, mejor dicho, cual yo,

pobre flor que se perdió

en el rosal de la vida.

IIª parte.

1

¡Válgame dios, que locura

lo que en la costa ha ocurrido,

que para tener marido

no fue necesario el cura!

Resplandeció la hermosura

de un hombre y una mujer

que se supieron querer

con la bendición del cielo

y de cama el duro suelo

dónde se entabló el placer.

2

No hubo siquiera un colchón

donde poder arrullar

la venus que supo amar

las fibras del corazón.

3

Tan solo se oyó un clamor,

según afirma un muchacho.

porque todo el hombre macho

exclama un ¡ay! de dolor.

La culpa tuvo el amor

que siempre ha de ser chiquillo

y así corrió el barranquillo

y las gavias se llenaron

y los amantes mataron

todo el salón y el polvillo.

“En Fuerteventura se llama “salón” a un ligero manto salinoso que cubre los márgenes de los terrenos cultivables cuando la sequía es persistente. Esta hace también que la capa superior de tierra de la gavia se haga más fina; este es el “polvillo”, nota de edición original.

Fotografía de la autora: «Batalla de Tamasite», tabla al óleo de la Iglesia de Tuineje.

“Ishtar, la lluvia y la amada amiga que se fue”.

Aún no amanece.

La lluvia te despide. El mismo cielo llora tu partida, amada amiga.

Atisbo en el balcón y veo a Ishtar, el Lucero de la mañana, y sé que estarás ahí.

Espérame, que no tardo en acudir a abrazarte.

Lágrimas que no me dejan ver nuestras letras queridas, serán pocas pues sé de tu apego a la Alegría y la Risa.

No me extiendo, cualquier palabra más te ofendería.

Para siempre en lo más hondo de mi corazón, amada amiga.

“Bruce Lee en Somosierra”.

La primera vez que vi a Bruce Lee fue en un póster de la pared, en una casa del barrio de “Somosierra”. Se habían puesto de moda los “Nunchakus”. La siguiente vez que lo vi fue en un cine de Agadir, “Bruce Lee” en un cartel repintado y recordé la pasión que sienten los hombres árabes  por este tipo de cine.

En Somosierra había un cine, que  en mi infancia reformaron y se llamaba nada menos que “Cine Costa Sur”, aunque para todo el barrio era el “Cine del Tabobo”.

Recuerdo noches memorables, con mi madre viendo a Omar Sharif y Julie Christie en aquella mansión congelada de aquella falsa Siberia, rodada en España.

Junto a la salida del cine, en frente estaba el Kiosco de “Martín el Nervioso”, al que la gente cruel de la época le gustaba acosar, recordándole su enfermedad a gritos y burlas.

Recuerdo las películas de “Fu Manchú” en la “matiné infantil” que costaba menos de medio duro, y de noche ir a la sesión de adultos, mi madre vigilando los “rombos” dictatoriales en el cartel, a ver “Los Girasoles” con Sophía Loren y Marcello Mastroianni.

Llegó la “Teología de la Liberación” y con eso el barrio se hizo “comunista” en 1975 recién “muerto” Franco, el asesino.

Vino toda mi familia del Sáhara, huyendo de las tropas marroquíes que lo ocuparon.

En aquella iglesia cantábamos y veíamos películas en “Súper-8” de las hambrunas de “Mato Grosso”.

Ametrallaron a Bartolomé García Lorenzo, con quién pasaba tardes en la casa de los “curas comunistas” junto a su novia Mercedes.

Las piedras, barricadas y cargas de los “grises” borraron a Sophía Loren y la inocencia de mi infancia ametrallada.

En 1978 vi a mi padre salir a votar la “Constitución” y en 1979 ya no vivíamos allí.

En 1979 no era cosa simple ser transgénero. Robaba los tacones de mi madre y los llevaba en una bolsa con algunas prendas femeninas, que me cambiaba un poco lejos de la casa de mi padre. Me creaba una identidad ficticia y me socializaba como “niña”.

Harta de insultos y de golpes, trazaba mapas mentales de las calles que eran seguras para mí, y me recorría la ciudad por mi mapa mental de “alta seguridad”.

Me acostumbré ya con 16 años, a realizar ataques de venganza a los “tú aquí no entras, maricón” o los “esa en mi coche no se sube” para ir a la playa. Los “bájate de mi coche, maricón” a 7 u 8 kilómetros de mi casa eran vengados con violencia, porque no es fácil en una ciudad pequeña.

Todo se “solucionaba” llegando al punto de ataque por una ruta invisible llevaras el atuendo que fuera en aquel país en blanco y negro, con mucho gris y verde militar.

Le lanzabas una silla, o mesa llena de vasos y copas de vidrio encima al “objetivo” y desaparecías por una ruta segura de escape, mentalmente construida de antemano.

Un bolso con muchas cosas te permitía  cambiar casi completamente de aspecto, pasando por mi “mapa seguro” hasta llegar a salvo a casa.

Pasaba tardes y tardes en compañía de Yeyo Millet, el poeta marica maldito, que me hablaba de “La Ocaña” y de Toni Negri y  “Brigate Rosse”.

Y conocí Madrid, en 1982, y la maldad de Felipe González.

Para Timi, el chico guapo de reloj dorado.

“Fuerteventura, Propiedad, “Señorío” y Nazis”.

En estos últimos años se ha hablado mucho sobre los “Hoteles Ilegales” construidos en el ahora “Parque Natural de las Dunas de Corralejo”.

Nos enteramos por un diario de que la actual propietaria de la ilegalidad en cuestión es “Riu-Hoteles”, que “cambió” la Jurisdicción de la “Isla de Lobos” al gobierno por una “moratoria de 70 años” a la “concesión” que le fue retirada por realizar obras ilegales, y le fue concedida por el Gobierno de Mariano Rajoy.

La “Propiedad” tiene muchas particularidades en Fuerteventura, al establecerse esta con la “Conquista” y la Potestad del “Señorío” que incluía también poder nombrar alguaciles y regidores, otorgada por Enrique III de Castilla alrededor de 1434, y que es abolido por las “Cortes de Cádiz” en 1811.

Antes de instaurarse el “Señorío”, la Tierra era compartida de forma comunal, no exenta de conflicto, por la población aborigen, denominados “Mahos”, conformada por grupos nómadas que realizaban pastoreo y otras actividades relacionadas.

Mis bisabuelos poseían una casa de “dos alturas”, con “alpendre” y Aljibe de “Caliche”, en los “Llanos de Hospinal”, municipio de Antigua.

Eran agricultores y tuvieron muchos hijos, caso frecuente entre finales del Siglo XIX y 1925, cuando mi abuelo abandonó la isla para trabajar de “Botones” en el “Hotel Santa Catalina” de Las Palmas de Gran Canaria, después de salvarse de la “Guerra de Marruecos”.

Con la enfermedad de mi bisabuelo, ya a finales de la década de los 60, cerraron la casa y quedó vacía, ya que toda la familia había emigrado al Sáhara o a las “Islas mayores”.

Se “vendió” la casa, sin la firma de ninguno de sus hijos e hijas, y herederos por derecho de la “propiedad”. Hoy es propiedad, sí aún sigue con vida, de una mujer anciana con el mismo apellido de mi bisabuelo y probablemente pariente.

El “Alpendre” está derruido por el robo de la viga de Tea que sustentaba el “Alto” de la casa y en completo abandono.

Hablemos ahora de “Jandía”, “Handía” como reza en los documentos de 1434 o la “Dehesa de Handía”, situada en el extremo sur de la isla de Fuerteventura.

La “Propiedad” de la “Dehesa de Handía” fue de la misma familia de “Señores de Handía” desde la Conquista hasta 1932, en que la vendieron a Gustav Winter, un Nazi que se instaló en Madrid y trabó relación con la familia heredera y se la compró.

Gustav Winter aterrizó en la isla majorera y se construyó un “castillo”, según la voz popular, en la Cordillera de Cofete, no lejos del caserío de mismo nombre.

Impuso “Winter, el Nazi” el mismo trato a los habitantes del lugar que venía siendo usual desde los tiempos del “Señorío”, esto es un “impuesto económico” por cada cabra, gallina, camello que entrase en la “Dehesa” huyendo los habitantes de Cofete hacia los municipios de Pájara o Tuineje.

Winter proyectó una urbanización turística en “La Pared”, y construyó un aeródromo de tierra en la Punta de Jandía. La Urbanización fue construida y es propiedad de sus herederos a día de hoy, aunque estos han vendido una parte de “Handía” a “Lopesan” una empresa hotelera de triste recuerdo de Gran Canaria.

Y he aquí que el hijo del Nazi conserva su Propiedad, “Riu-Hoteles” es propietaria de la “Isla de Lobos” y sólo puedo llorar en la ruina de la casa de mi bisabuela Quiteria…

De la viuda tuareg que escupió sobre Betancuria.

En 1404, a cuatro años de su llegada a espada y fuego, Gadifer de la Salle y Jean de Bethencourt, dos mercenarios normandos a sueldo de Enrique III de Castilla apodado “el Fratricida de Trastámara”, y después de someter Lanzarote con traición y asesinato fundaron “Betancuria” sobre las ruinas de un importante poblado de los Mahos.

La “ciudad” se convirtió pronto en residencia de los Señores y las Autoridades civiles y religiosas.

La viuda Tuareg nació en Tenerife, de familia de Mahos y después de recorrer el Imperio de Pedro I de Brasil y visitar el Souss-Draá enfrente a Lanzarote, vio el valle.

Cuentan que «por ser “de bruma” estaba poblado de cedros, acebuches y pinos».

Se enfureció la viuda al contemplar como convirtieron en polvo aquel valle próspero mientras dos guaguas llenas de turistas españoles se paraban en aquel mirador, bajando para contemplar la vista.

Ella les gritó a todo pulmón como sus antepasados habían desertizado un valle antaño pleno de verdor y arrasado todo. Vio la urgencia de la guía turística en meterlos de nuevo en los vehículos ante el terror por la violencia con que discursaba ella, mostrando la barba tatuada de su marido muerto lo que la hacía intocable según la costumbre de su pueblo.

Se acercó a la mujer-guía y esta le dijo “que aquello no se puede hacer, que había arruinado su trabajo de dos días y que ella, también era canaria”…

Le pidió unas disculpas falsas, y se notaba dibujada la satisfacción de una guerrera en su rostro, y sonrió cuando se cerraron las puertas con bufidos hidráulicos, de dragones vencidos y se marcharon.

Este mismo argumento se usa desde una institución autonómica del Reino de España para “salvar los puestos de trabajo de las familias de trabajadores” de un hotel erigido en pleno paisaje protegido, en plenas “Dunas de Corralejo”, que obtuvo la “concesión” durante la Dictadura asesina de Franco.

Nada, desde Enrique III de Trastámara hubiera sido posible en estas islas sin la traición y complicidad de los habitantes originarios de Canarias.

Descendió el valle hasta Betancuria y avistó las ruinas de un convento de franciscanos, de San Buenaventura.

Lo vio arrasado, sin techumbre sólo arcos que formaban ángulos imposibles con el azul africano del cielo, hornacinas de santos vacías parecían hacer muecas de fracaso desde las paredes desconchadas por la intemperie y contempló como la techumbre de una iglesia abandonada parecía imitar las montañas peladas de vegetación que había dejado la “Conquista”.

Escupió en el suelo y se marchó llena de su propia alma.

Con todo mi amor para mi querida amiga y hermana Salomé, que sé que adora a la Viuda Tuareg.

“Canariedad”: uso, abuso y manoseo.

Comienza cada mes de Mayo a aparecer este palabro por todos lados: la “canariedad”.

Los criollos de derechas lo asocian a reproducir el folclore de los colonos europeos. “Polkas, mazurcas” y demás jolgorio centroeuropeo en versión mediterranoide, en el Atlántico subtropical, a 60 millas náuticas del Sáhara Occidental que es dónde se sitúa Canarias.

 El folclore es útil hasta a las Dictaduras totalitarias.

Entonces te llega una señora de origen canario que se siente maltratada por su propia tierra (quién no lo está, que hable ya) y te dice que “con la africanidad de Canarias te estás apropiando culturalmente, que tú no eres negra ni te cortan el clítoris, ni eres musulmana ni llevas burka” (oh cielos, Afganistán está en África, menos mal que vino la señora esta) y termina aderezándolo con “yo tengo una amiga negra, lesbiana” mientras habla con acento de Madrid (una enfermedad rara adquirida en mor de obtener el privilegio de ser la nueva Galdós). Te dice que “la cultura de Canarias es “Crónicas Marcianas” y te quedas atónita.

Pasan tres o cuatro docenas de yogures y unos cuantos millones de turistas, y te viene una profesora madrileña y te dice que “a sus alumnos les explica la “canariedad” (ella, con una S y unas C y Z imposibles de pronunciar) con expresiones como ya el conejo me riscó la perra, y la diferencia entre roscas y cotufas”.

Y harta ya, le esputas a la cara, animada “lo que tú haces se llama apropiación cultural” y te quedas más ancha que larga.

Aquí parece que todo el mundo se ve en la obligación de explicarse, justificarse o añadir/corregir lo que somos/estamos las canarias, máxime cuando se acerca el aniversario de que nos espetaran dos perros en la bandera.

Si hay algo que celebramos las canarias, poco la verdad, es nuestro enorme mestizaje que nos hace únicas.

Residuos “ultra periféricos de Europa”, echándole tierra a los ojos del África Romana Imperial, a Juba II casado con la hija de Cleopatra Selene, abordadas diariamente por el manoseo de nuestro territorio, recursos, vidas y haciendas por una piratería sin fin.

Cada una en su barranco, en su isla sea “menor” o “mayor” siendo una mistura única, que por sí misma enriquece a cualquier cultura.

Y hete aquí, que la “cultura” es algo Capitalista y reproduce los gustos de las Élites, o es “folclore”…

Y si no, no es Cultura, es “invasión, reconquista o ¡genes musulmanes!”

Me acuerdo de un pobre señor que se había recorrido a pie todos los barrancos de Tenerife, porque había descubierto unos espacios “litofónicos” en los que los pobladores indígenas hacían resonar con grandes troncos de tea en cuevas como expresión de su cultura.

La “profesora” invitada a la presentación de su libro habló sobre “la influencia del barroco de Flandes en la imaginería religiosa de La Palma” para acabar sentenciando que “los antiguos canarios sólo hacían una “cosa” cultural: las mujeres golpeaban una roca contra otra y los hombres golpeaban el suelo con un pie”. “El Tajaraste”, sentenció.

Agotada ya de tanto golpe me limité a explicarle a esta “profesora” que “la ciencia demuestra que somos una extensión de la civilización líbico-berebere”, heredera nada menos que del antiguo Egipto constructor de Pirámides y se ofuscó (otra más).

Tal manoseo de identidades, el uso y abuso, no nos deja otra opción que dividirnos entre mestizas orgullosas y ofuscadas, las primeras con estrellas verdes y las segundas con los perros de la bandera.

La Voz Equivocada.

Lanzaba días atrás una miembra del Consejo de Estado del “Reino de España”, tras prologar un libro que versa sobre “las maldades de las gentes transgénero y otras variedades/diversidades”, a veces vulgo “Queer”, la idea manida del “Cuerpo Equivocado”.

No me extenderé sobre este asunto pues pueden revisitar ustedes la polémica en los “diarios” y “redes sociales” españolas.

 

En mi charla cotidiana con una persona de mi intimidad, comentando este y otros avatares de nuestra maltrecha vida, sumen pandemia y guerra, surgió la “voz equivocada”. Excluyan nuestras vidas que son de lo más rutinarias, y en las que a ambas nos gusta especialmente el sonido de los gatos cuando beben agua en completo silencio.

Y sí, nuestras “voces equivocadas” no tienen nada que ver con el género ni el sexo, más bien es con la cuestión de Clase, que ya sé que les aburre por “dogmática”, poco o nada “nihilista” y todos los demás adjetivos que se atribuyen hoy día al análisis marxista de la sociedad.

Mi bisabuela y mi abuela, también mi madre, eran “voces equivocadas” hablaban y no se las tenía en cuenta. Tuvieron hijas e hijos con “voces equivocadas” de pobres, y nietas bisnietos y tataranietas con “voces y cuerpos equivocadísimos” una vez superadas las hambrunas de cada época pasada.

Nosotras ya no teníamos hambre. No nos gustaba comer. Y seguíamos siendo Pobras. Las “oscuritas” de un país que lleva el Racismo en el ADN.

 

Queríamos devorar el mundo y la vida, pero, de nuevo vivíamos vidas equivocadas, en países equivocados, con sociedades completamente equivocadas en las que el Poder siempre residiría fuera de nuestro alcance.

Nuestra idea equivocada de la igualdad, del justo reparto de la riqueza, y de la conciencia de grupo, de formar parte de algo superior a nuestra individualidad, no cabía en “Instagram”.

 

(Inserte aquí su escaso conocimiento de la Obtención de la Plusvalía, acuñada por Karl Marx, si fuera mucho escriba su propio artículo)

 

No queríamos debates que habíamos perdido de antemano, y nos limitábamos a analizar, por nuestra sanidad mental, los acontecimientos.

Nos asaltó el “logro” de que una joven transgénero fuese operada de la voz, para así dejar de sufrir el oprobio, los insultos y agresiones contra su “cuerpo equivocado”.

Lo comenté con dos personas transgénero de mi edad, entre 40 y 60 años, y una me dijo que la cuestión de la voz equivocada era transfobia, y la otra se sorprendió por la alegría que le había dado superar ese trauma y aceptar su voz, equivocada, y cuanto placer personal le proporcionaba este logro.

 

Todo se silenció por el “bien del Pacto de Izquierda” y la amenaza de la “llegada del Fascismo” al gobierno.

Un Fascismo que subyace desde antes de la Esclavitud atlántica, que reside en el Poder profundo, el real. El Dinero.

Siempre dará igual que te hablen de “democracia” una versión del esclavismo de la Grecia clásica transportado hasta el carrito de tu supermercado, regado con dioxina, cáncer y huesos de años ruines.

Huesos que arrastran siglos de hambre y de maltrato, de trabajo forzado, de partos en condiciones precarias, de tu bisabuela y la mía.

No te preocupes, siempre encontrarán algo equivocado en ti y en tu vida.

Nunca serás lo suficientemente rubia o blanca, occidental o de buen apellido, regado con una buena herencia.

Lean el Capítulo dedicado al Fascismo y al Totalitarismo en sus manuales de Ciencia Política, allí encontrarán poca información, muy difusa y en un lenguaje hecho incomprensible, a propósito.

Será lo único que les vuelva a repetir que sus voces están equivocadas, que viven ustedes en cuerpos equivocados, que hay que “desahuciarlas” de sus techos, porque eligieron ustedes una posibilidad equivocada.

Esta voz equivocada les da la bienvenida al caos programado. Adivinen por quién.