El Diván.

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Acarició sus pensamientos en completa soledad.

Quiso mesar la barba amada, pero estuvo ausente del “matrimonio iraní por horas.”

Contempló los prodigios en forma de signo que visitaron su vida.

Un caracol de viscosa y lenta huella.

 

Comieron solas, ella y la banda de lobas y leonas que la acompañan.

Resonaron los acordes del maqam iraquí, con voz de mujer.

Pasearon sus ojos por alfombras, telas, pinceles, lápices y rodillos.

Tales eran las joyas que adornaban su total desnudez, en el sopor caluroso del mediodía.

 

Conversa matutina, sertón y cachimba femenina, baiana.

Dos décadas atrás.

Retrocedió y observó con la perspectiva de un mascarón de proa.

No quiso volver a aquel mal sueño, dónde murió el amor.

Alemán y guaraní. Brasileiro.

Sólo amó en silencio, torturada por la urgencia latinoamericana.

 

Hoy vivía suspendida en “matrimonio iraní, por horas.”

Horas establecidas por su Libertad, por el amor deshilachado que le iba quedando.

Sintió la falta de la barba que ella acariciaba, en aquel amor ingrato.

Murió la Democracia, en aquel amor de ella.

Cerraba los ojos y veía un diván afgano, de los que se ponen en el patio a la entrada de la casa.

Una fuente turquesa y verde, de azulejos, acababa por componer su sueño.

Ellos, dos carpas rojas, de las que se compran en Nawruz.

Nadando en círculos, engordando para morir.

 

Ilustración

Love Charms, a Sufi poem/kafi by Bulleh Shah painted by F. Zahra Hassan (text and painting from an album produced in 1997 in London.” https://fatimazahrahassan.com/2009/06/03/love-charms/

“…Como dos animais…”

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Observó impaciente la pantalla.

 

El muchacho delgado con alma de Zorro sahariano, no le escribía ya hacía una semana.

Descubrió en sus ojos, parecidos a los de un Lemur, todo el Deseo y el Amor del Mundo.

Fue feliz abrazándolo bajo la catarata de la ducha.

Los besos ese día, sabían a acacia espinosa.

Ella, Jirafa adulta, conocía bien el sabor fresco de aquellas ramas y hojas.

Su lengua, dotada por la Evolución de una especialidad para masticar las espinas del las Acacias, practicó con la del Zorro sahariano una danza maravillosa. Erótica y antropofágica.

Y siguió ella pensando en el Zorro delgadito, de mirada miope, como la suya.

El amor fue, entonces, miope.

Gata y Perra corrieron y jugaron.

Ellos dos hicieron lo mismo. Del sofá a la cama, de la cama a la ducha, amándose en un juego agotador.

Se sobreponían así a dos años sin olerse, lamerse y no verse.

Los dos, el Zorro y la Jirafa, miopes.

 

 

Texto e ilustración de la autora, Derechos Reservados por Licencia de “Creative Commons”.

Titulo: “Como dos animais”, Alçeu Valença.

https://www.letras.com/alceu-valenca/44009/

De cómo el ser palmípedo devino en Demonio.

La voz le delataba, de nuevo, haciendo un triste remedo de ánade ronco, encendiéndole la alarma al rojo vivo.
Lo libidinoso de su comportamiento la hizo rechazarlo días atrás, cuando tropezó con el amor-más-de-lo-mismo, y se apartó sin decir palabra.
El triste pato, demasiado viejo para abandonar su andar zambo, jamás se convertiría en cisne de azabache plumaje y ostentoso pico rojo coral. La maldad con la que había pululado le había convertido en un demonio de pueblo, de los que salen en la función de Navidad, allá en aquel Mal-país, en lo más hondo del oscurantismo.
Aquella conversación última, mezquina y soez, le revelaron la envidia y el ansia por destruirla, pero ya sabía cómo verle la cara al diablo. Interrumpió la conversación de un golpe seco, y recordó como virar el timón hacia el Norte. Giró en cuarenta y cinco grados su camino y en compañía de su fiel loba, emprendieron el camino a casa. Hambrientas y sedientas, pero con el alma intacta.
Fotografía original de CArmen Azcona Cubas.