DÍA Y NOCHE. في يـوم وليـلة

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¿No es mi cuerpo enfermo y derrotado un trofeo para mis enemigos?
¿No es una escarapela más a colgar en sus expedientes oficiales paraestatales?
¿Por qué pagué tan alto precio?

 

 

Ser una Mujer Libre tiene un costo muy elevado.
Lo fui, lo soy.

 

Día y noche.

 

No dejo de hacer una batalla ni un solo día, aún enferma y arruinada, mi vida.

 

Cuando pido un abrazo, él, me llama “moja calzoncillos.”
Dice que, yo, hablo y escribo como en una novela de cuarta categoría.

 

 

Una mujer iletrada, que sólo sabe de oídas y lecturas fugaces.
Mi patria y mi casa fueron una fogata, un techo de estrellas en la noche, y un suelo duro en el que dormir.

 

Mi ejército son mi lengua, cuerdas vocales y pulmones.
Cada discurso mío es una ráfaga de “Avtomat kalashnikova-AK-47”.
Cada palabra tiene un alcance de 443 metros, calibre ‎7,62 x 39.22 Long Rifle.

 

Cuando me abro al Amor, me piden Dinero.

 

Quién sabe qué idea tienen de mi, triste espejo en el que reflejar sus miserias.

 

Ignorancia y  falta de argumentos, para alguien que va con su corazón sangrante servido en un plato.

 

Un espejo de lucha, heridas, golpes y sangre que salió de mi oído.

 

 

No vengo a teorizar nada.

 

Mi venganza será continuar esta batalla sin cuartel.

 

 

El hombre que organizó mi tortura con una violación múltiple ha muerto.

 

 

El hombre que me secuestró con dieciocho años para encerrarme en una jaula de oro ha muerto.

 

 

El hombre que me violó con apenas ocho años, apenas una niña, ha muerto.

 

 

El Estado que aborrezco, me ha compensado por eso.

 

 

A los ocho años huí de la casa de mi padre, en un barco.

 

 

A los dieciocho años huí de un secuestro. Sentada al lado de mi secuestrador. Tren y bus, para sortear las fronteras. Guerra del Líbano 1986-1989. Es el final de la Guerra.

Me zafé de su brazo, corrí y viví al raso, más de tres años.

 

 

Voy de la mano de mi hermana, y respondo con insultos mordaces a los piropos de dos antropomorfos vestidos con bermudas, que ríen de un sin techo, que vomita su vida tumbado en un banco.

 

La ciudad se muestra inmune al dolor, el sufrimiento y el maltrato.
Ambulancias amarilleantes, preguntan al moribundo si desea ser atendido.

 

Taxi, calor, humedad.

 

Engaño masculino, calculado, taimado y feroz.

 

Flota.

 

Bambolea en perfiles con fotografías, que bailotean en un teléfono móvil, al ritmo de los pulgares.

 

Las mujeres ríen, hermanas.
Huyen de los abolengos rancios de unas islas malditas hace cinco siglos.
Vamos camino al sexto siglo de maldición.

 

 

El apocalipsis urbano las invita a bañarse en un mar industrial, con olor a gasóleo. Iridiscente superficie, con mareas, olas y corrientes artificiales.
Les hablan de la “ingeniería de la alimentación”.
Rechazan lo zafio y falaz de la parlante, cuando la ven lanzar una colilla en la orilla de la playa.

 

Huyen, duermen, las mujeres.

 

Despiertan deseando prenderle fuego a los poemas mal hechos.
Los tacones vuelan entre las manos de ambas en festín delicado. Ropas, peluquerías y pinzas animan el canturreo de sus voces.

 

La madre reseca e hiriente las hace huir, juntas, de la mano.

 

De nuevo.

 

Huir, es la propuesta.

 

 

AK-47:
https://es.wikipedia.org/wiki/AK-47

“ El Antagonismo.” 睽

“…Cuando las gentes viven en oposición y enajenamiento mutuo, como extraños, no puede llevarse a cabo ninguna gran obra en común…” “I Ching, el libro de las mutaciones”, Kuei-El Antagonismo”.

Él lo siguió intentando, con sus teléfonos trucados y sus “no pude leer tus mensajes”.
Ella sabía que era mentira.
Sólo ignoraba lo que no convenía a “su negocio», a la sazón ella.
Un negocio construido sobre crueldades y maltrato.
Quién sabe a cuantas mujeres más, además de a ella.
La acosó por un día entero.

Ella recordó como él cultivaba “su tupé”. Secador de pelo, signo bélico.
Ni escribir ni hablar sabe.
Eso ahondó el Antagonismo de “los discursos paralelos”.
De hombres y mujeres.
Verdad respuesta con violencia, al verse descubiertas miles de tretas que van urdiendo.
A diario.
La humilló una respuesta amiga, y eso aumentó su soledad.
Sus ganas de dormir y despertar en un mundo nuevo.
Su hambre no hacía más que aumentar y corrió al Mercado.

Rodó por las tintorerías, y tropezó con las amigas.

Parque, fronda.
Libros y pájaros, tropicales.
Sonidos de ranas y cotorras.
Todas hermanas.
Lo masculino seguía versando en exabruptos.

Las hermanas antagónicas, la mayor y la menor.
La mayor obtuvo el Pasaporte con el permiso del Padre.
Franco era así.
La menor tuvo pasaporte militar. Libre.
Allá dónde obtuvo el visado colocó una mina con espoleta.
Las mujeres explotaban en rebeliones, tras el paso de la hermana menor.
Brasil, Marruecos.
Mujeres.

Las dos hermanas alejadas de la moda.
Armadas con pinceles y aquarellas.
Lápices y cámaras de fotos.
Tardes de Dictadura alisaron sus pelos africanos.
Aviones caros, Guerra del Líbano.
Alaska y los Pegamoides arruinaron su relación.
Empezaron a desentenderse, durante largos años.
Un fondo abisal, lleno de peces coloridos, se abrió entre ellas.

Antagonismo.
Familia y Revolución.

Reunidas, las hermanas, años después por la muerte, el duelo, y las ropas insensibles de los difuntos.
Echaron a caminar al encuentro.
Esta vez en aviones baratos.
Nunca se tomaban de las manos, las hermanas, pero hablaban de corazón a corazón.
Relataba, la hermana menor, sus desastres y tragedias.
Escuchaba emocionada, la hermana mayor.
Unidas por los páramos de color mostaza, volcánicos.
Vidas para siempre antagónicas.
Por el discurso paralelo y segregador de los hombres.

A trompicones y sustos.
Las marcaron, cual ganado Masai.
Un océano y miles de kilómetros de tierra las separaban.
Una en Europa. Otra en África.
Corazones divididos.
Acosadas las dos por el discurso paralelo de los hombres.
Soñaron en los páramos volcánicos, con arena del Sáhara en suspensión.

-Antagonismo:
http://www.wordreference.com/definicion/antagonismo

-Fotografía de la autora, «Vertiente norte del Teide».

Farah, la Sura y los Genios.

Lo vio entrar al tren, acompañado de una mujer, y adivinó que era su pareja.

Por la forma de acompañarla al asiento, por su aparente sumisión al paso femenino.

Ella no lo reconoció al entrar.

Ojos gastados tras lentes rosas, mientras conversaba con dos mujeres cubanas, las tres en la plataforma anterior a los asientos.

Mientras hablaban sobre el precio del transporte, sintió una mirada clavada en su nuca y se giró.

Lo vio mirándola.
Parecía rogar con terror.

Que ella no montara una “escena”, por descubrir, a golpe de puerta automática, sus mentiras.
Sólo una mente burda y estafadora como la de él podía imaginar tal cosa.

Ella se sorprendió, sólo a medias, siempre lenta, educada para la frialdad glacial en ese tipo de situaciones, desde su infancia de abuso.
Se sorprendió aún más, al comprobar lo poco que le dolía, quizás por esperado.
La cara de terror del hombre la hizo girarse, sacándolo de su ángulo de visión, su especialidad.

Se acercó a la puerta del vagón, mujer Fulani del Sahel.
Permaneció de espaldas al terror masculino, observando la ciudad pasar a ritmo de vértigo.

Llegó por fin a su parada, y se bajó.
Sin mirar atrás, fingiendo que no le importaba.

El hombre de Egipto le habló de “las seculares diferencias entre hombres y mujeres”.
La dichosa “costilla” de la que según él venimos la mujeres, saltó de entre las palabras y se le clavó en el corazón.
Confirmó, el hombre, aquel golpe de puñal, negando a Darwin.

Se sintió sobrecogida, dos hombres más allá, y recordó su absoluta falta de confianza hacia la mayoría de los hombres.
Argumentaban contra la Verdad con taimados discursos.
Ella, educada en el abuso, busca ansiosa el daño de los hombres.
Lo relaciona con el Placer.
Días de muchos desgarros auguraba el fin de la primavera.

Ramadán.
Anduvo en silencio, ensimismada.
Los Genios apagaron el fuego que calentaba el Hammam de su casa.

Se aprestó a escuchar la voz infantil que leía la Sura del Corán.
Eligió la 113, para desprenderse de tanto sortilegio doloroso.
Recordó el perfume del Benjuí quemado.
Preparó su manto nuevo, esperando la “noche del Destino”, 27 de Ramadán.
La piedra de Alumbre ya estaba preparada para quemarla en la puerta de la casa.

Todo con tal de liberarse de de aquellas sombras oscuras, que hablaban de “costillas”, y de “por qué ella no encontraba al hombre adecuado”.
Todo iba a desaparecer, cuando acabara el Ramadán.

Ella la mujer Fulani de barbilla tatuada, sabía cómo funcionaban aquellas sombras, y como alejarlas.
Se acercan a tu cama de noche.
Acarician tu cuerpo desnudo, apenas eres una niña.
Te educan en la culpa,  y pretenden manipularte con sus argumentos, tan viciosos como sus vidas.
No lloras, resistes, y el pellejo se te pone muy duro.
Y así comienzas a decir:
“Tomo refugio en el Alba…”

Sigues evolucionando, con sólo cinco versos.
Te acercas a tu corazón y te sacas el puñal.
Una herida más, o dos.
Cicatrizará.

Fulani:
Hammam:
 
Sura 113:
 
La Noche del Destino:

MUJERES DEL MUNDO.

 

Trenes, andén 1.
Gentes entrecruzadas, miles.

Mujeres. México, Rumanía, para visitar a mujeres de Senegal.
“Cercanías” que te alejan, así son los trenes.
Te alejan cuando vas.
Te acercan cuando vienes.

 

La mañana siguiente se anima.
Entre panes hechos por mano de mujer rumana.
Entre flores y plantas de Egipto.

 

La amiga llora.
No conoce su futuro ni el de sus cachorros.
Fluyen las palabras.
De corazón a corazón.
Sin barreras.
¿Cómo podría tenerlas el Amor?

 

Distante, mil-kilométrico.
Próximo, jugoso, rugoso.
Amor.
Colectivo, de fuerte individualidad.
¡Ay del Amor!

 

Quien sabe mañana, peruano, brasileño.
Saharaui o argelino.
¿Quién sabe nada del Amor?

“Es que le gusta mucho jugar”, canta Marisa Monte al Amor.

Lavaron juntas, sus culpas, las mujeres.
Con solo agarrarse de las manos.
Cara con cara.
Hablando casi en susurros.

Lo masculino brutal, dejado en paralelo, para siempre.
En una promesa.
Secreta, y a voces coreada.
No más abuso, no más fingir que es Amor.

Se curaron a sí mismas, sin saber dónde llegarían.
No tenían “metas”.
Sólo mano con mano.
Hijo con hija, todos adelante.
Un día más, un minuto más.
Luchando con más o menos intensidad.

Fumó un cigarrillo búlgaro con una mujer rumana, regado con buen café.
Las dos huyeron, mujer.
Mujer mexicana con gorra de “Mickey-mouse”.
“Compra toda su ropa en USA”.
Va en avión a comprarla.
Su relato no es honesto, por eso huyen.

Mujer ecuatoriana habla con ojos que lloran sangre.
Todas, nosotras, relatamos la violencia.
Unas con la verdad desgarrada.

“Mujer mexicana con gorra de “Mickey-mouse”.
Otras disfrazando el dolor debajo de un ratón infantil.

Mujer canta himno.
Mujer compra chalet.
Mujer compra bebé inseminado.
Todo es dolor y sacrificio.

La música de los aparatos masculinos de demolición, en forma de “pene hidráulico de metal”, se adhiere.
Impregna viscosa mi pensamiento, mientras demuelen un edificio. En tres, o seis días.

Converso con mujer peruana, aeropuerto.
Subo al avión, me alejo, acercándome a las mujeres.

 

 
-Marisa Monte: “Vai saber”:

 

 

 
 
Texto e ilustración originales de Farah Azcona Cubas.
 

“Doña Farah y sus dos maridos”.

Doña Farah era una mujer inteligente, aunque algo desconocida, dado su gusto por los viajes.

Su visión del honor le había garantizado un puesto entre su familia, vecindad y amistades varias, que cultivó en aquella sociedad colonial. Subtropical.

Al despertar a la juventud, Doña Farah despuntó, por su arrojo, afán de conquista de Derechos y una actitud cosmopolita.

Tenida por “chic” o por “esnob”, dependiendo del ojo que la catalogara.

La frecuentaron hombres libertinos, que abusaron de su honra, escasos o abundantes caudales dependiendo de las circunstancias, y le hicieron añorar un amor inocente y pausado.

Se vio en un dilema “romántico” de primera magnitud en la Escala de Richter.
Un drama construido por su amor a los clásicos de la literatura rusa, y su amor por las grandes Divas del celuloide, que fueron construyendo un propio imaginario extraño.

Extraño porque versaba entre conocer a través de la cartomancia su “futuro amoroso”, mientras yacía en los brazos de hombres aventureros, dados a la bebida y a todo tipo de excesos.

Añoraba Doña Farah, al mismo tiempo, un amor lento, culto y refinado, que sólo encontró en las letras de las cartas y mensajes que, hombres más versados en la palabra, la fueron conquistando.

Se vio así, durante toda su vida, dividida entre la realidad, libidinosa y fallida, como la vida misma lo es, y aquel amor epistolar, el de las palabras, que la hacía crecer en cultura, criterio y calidad personal.

Y de esta manera, se vio Doña Farah atrapada entre dos tipos de “marido”, uno libidinoso y bastante zafio pero real, y otro, cuasi sacrosanto pero que la hacía vibrar de deseo al desafiarla intelectualmente en la conquista milenaria que animaba la vida de las mujeres desde hacía cinco mil años…

La conquista de una propia posición femenina, preeminente y que demostraba la imposibilidad masculina de llevar la vida adelante, llena de guerras y opresiones, la aisló.

Se fue transformando, por mor de todo esto, Doña Farah, en una mujer revolucionaria, imposibilitada de relacionarse ya en su madurez, con hombres más o menos brutales en función de las expectativas del engaño original que estaba siempre bajo la cama de aquellos amores, que a pesar de todo disfrutó. Como víctima y verdugo

“Pequeñas manos, pequeños pies”.

El abrazo de los niños que cuidé y amé con lealtad, salvaron mi vida de un abismo del que llegué a pensar que nunca saldría.
Echo en falta esos pequeños pies, a veces diminutos de bebé.
Aquellas preciosas manos, tan chiquitas, perfectas.
Podía contemplar la Gloria de la vida, acunada en mis brazos, y solía admirarla extasiada, por horas.
Mi vida adulta era terrible, pero no así mi infancia.

Recuerdo el abrazo de mi madre, que luego devolví a mis niños y niñas.

Recuerdo la risa de mi padre, muy contagiosa. Su cariño al dirigirse a mí mientras era, yo misma, una niña. También la devolví a mis niños y niñas.

En los momentos de soledad, me vienen a la mente esas preciosas imágenes, que serán por siempre mías.

Son mi tesoro y eso me llevaré de la vida.


Fotografía: G. Verswijver.

«Mi «Serra Pelada». TransEspaña, la mentira de los hegemónicos».

 
 
 
 
 
Mi infancia transcurrió entre “lárgate”, “viene mi padre y te tienes que ir”, y “mi madre nos ha dicho que no podemos estar contigo”.
 
Tal pareciera que vivía en Tennessee, siendo negra en 1945.
 
O en Gaza, Palestina en 2024.
 

Vivir en España y no responder al criterio “nacional-católico” imperante me convertía en Ciudadana de Segunda Clase.

Desencantada de la retórica soviética, por “no seguir un ideal machista” que respondiese a la moral comunista de aquellos años, fui deleznada de cualquier militancia.
Vi asesinar a Annuar El-Sadat, al Imam Khomeini bajar de un 747 de “Air-France” en Teherán después de un largo exilio. Todo eso cuando era niña, allá por 1979.
 
 
En la adolescencia se agravó, con los “Bájate de mi coche” y los “Si vas con “esa” la gente te va a mirar mal…”
 
Hasta bien entrada la edad adulta no tuve una relación sexual normal, que no fuera una violación, contacto subrepticio o un enorme rosario de calamidades.
 
Crecí viendo imágenes de esclavos que buscaban Oro en “Serra Pelada”, Brasil.
 
Fue entre 1980 y 1986, y se dejó de explotar en 1990, convirtiéndose el enorme abismo excavado en un lago.

Se descubrió en “Serra Pelada”, Estado de Pará-Brasil la mayor mina de oro de los últimos tiempos, de la que se extrajeron 2,5 toneladas de este preciado metal, anualmente entre 1984 y 1986.

En esos mismos años transité entre Madrid, Barcelona, Paris, y fui en auto-stop desde Barcelona a Roma, recorriendo gran parte de Italia. Desde los dieciséis años hasta los dieciocho me volví  “sujeto nómade”, lo cual transformó mi vida y mi carácter de forma irreversible.
 
Me identifico tanto con “Serra Pelada” y esta foto de Sebastiâo Salgado porque así veo el mundo desde que tuve ojos para las noticias.
 
 
Mi vida se convirtió en Revolución, por alcanzar a la “Ciudadanía de Primera”, una gente anestesiada por el Consumismo, el Dinero y los Bienes que les administraba la Social-Democracia europea, recién adquirida tras la muerte del Dictador, Franco.
Nunca, jamás pude soportar la prostitución, por mi sensibilidad pacata educada en la «Teología de la Liberación» importada por aquellos curas comunistas de la «Transición», despierta desde muy temprana edad por el apoyo y asesoramiento de mujeres muy certeras en sus análisis, romántica aún esperando aquel amor de adolescencia.
El grupo de mujeres transexuales de mi juventud, me rechazó por “extraña”, “ajena”, habiendo accedido a la única posibilidad de obtener dinero. El apoyo de mi familia fue siempre fundamental en mi formación, tanto académica como personal.
 
 
Pobres, subían y bajaban el agujero de “Serra Pelada” en busca de Eldorado, sólo que aquí nadie se hizo rico.
 

Mi vida fluctuaba entre copas, música, y cualquier cosa que me hiciera más llevadera mi existencia como “negra”, “gitana” o “palestina en el apartheid de Israel”.

Señalada, vejada públicamente por mi condición sexual, esta vida se convirtió en una soledad hecha de barro, sangre y oro.

Se perfectamente lo que sintieron los negros de EEUU cuando les obligaban a entrar y salir por la puerta de atrás.

He sido humillada por policías de aeropuertos por el simple hecho de ir al baño que, según ellos “no me correspondía”.

Hoy, después de una árida lucha, el mundo es diferente, al menos en lo formal, aunque sea de manera “pendular” dependiendo del arbitrio de los “hegemónicos”.

 El Imperio y las libertades fluyen entre la “tolerancia” y la “demonización” por parte de los “hegemónicos”, ostentadores del poder imperial.

Tales humillaciones a las que fui sometida, hoy en día son hasta Delito.
 
Nuestro capital Revolucionario se disipa entre matrimonios igualitarios, vientres de alquiler y demás opciones industriales, que van a parar siempre al mismo lugar: el Capitalismo.

Hace poco veía alucinada, y comentábamos en las redes, que se presenta como un “hito” que una mujer transexual sea portada de “Play-boy”, una revista machista y reaccionaria como ninguna. La Industria.

Me mantengo firme, creo en que se pueda viajar a “Serra Pelada” y encontrar una pepita de oro tan grande como mi cabeza.

El Oro de la Igualdad, la Verdad, la Honestidad, esas cosas tan poco apreciadas en estos tiempos de fascismo.

En los tiempos en que la transexualidad se presenta como una conquista, sólo si inviertes mucho dinero en quirófanos, y el resultado es “creíble”, “aceptable”. “¡Ay si quedas un poco rara!” como dice mi estimada Irantzu Varela.

En ese caso, quedarás relegada al vagón de cola y “nunca, jamás serás portada de “Playboy”…”
 
Sigo reivindicándome desde el Feminismo, en su aspecto más revolucionario y con un fuerte componente Anarquista, que me aparta ahora de las que suben y bajan las escaleras del abismo de “Serra Pelada”.
Creen que aún hay oro, y que puede extraerse.
 
 
Fotografía original de Sebastiâo Salgado.
Referencias:
-“Serra Pelada”-
 
 
 

“Misfits, Inadaptadas.”

 

 

 

Su amiga la miró apavorada cuando ella le espetó, “¡Somos unas marginales!”.

Tuvo que explicarle que a ellas, nadie las quería cerca porque eran mujeres acorazadas, que expresaban libremente su opinión, escribían lo que querían, sin interesarles réditos o fama.

Explicado esto, a su amiga le volvió la compostura al rostro.

 

Al poco tiempo hubo de pasar por el “Tribunal de los metros de Tela”.

Es aquel Tribunal formado por Guardianas de la Vestimenta, que se creen Feministas, y te acusaban, con sorna, en un nimio comentario sobre tus vestidos imperiales árabes, para poder decir luego que estás completamente loca, ante tu airada reacción.

Loca, y además terriblemente agresiva, con lo cual queda demostrada su Teoría de que “las Mujeres Transexuales no son Mujeres”.

 

Años atrás, el grupo de mujeres transexuales contemporáneas a los años ochenta y noventa que frecuentaba, la habían repudiado, por ser Feminista por Intuición y no encajar en sus patrones de violencia de género, asumidas en un remedo de femineidad atrasada y bárbara.

También fue rechazada por no saber ocultar sexo subrepticio, por no saber ser ladrona, o delincuente.

 

Tenía ella, la virtud, o el defecto, de sacar de sus casillas a cualquiera que pensara que tenía algo identificado y resuelto, en cuanto a forma de vivir, pensar o ser.

Por negarse a mutilaciones y operaciones que la convertirían en una “muñeca”, citando su propio argot…

 

¡Ay!

¡Cuánta muñeca despedazada encontró con el devenir de los años!

Ella, por aquellos días, ya protagonista de “Misfits” con Clark Gable, Marilyn Monroe y Montgomery Clift.

Desempeñaba su papel de loca, inadaptada y marginal a las mil maravillas, tras los años de largo “estudio”, que para su escuela hubiese deseado Lee Strasberg.

Cimbreó sus caderas machistas, por mor de “adaptarse”, y danzó su vientre árabe.

En pos de sentirse formar parte de algo.

Y ni aún así fue integrada.

Se despedazaba cada vez más, presa de una Marginalidad Inadaptante de Manual, cuyo principal síntoma era la Falta de Integración.

Pobre Freud, pobres misóginos y misóginas incapaces de ver en ella la Femineidad rocambolesca de Cibeles.

La Diosa de los sacerdotes eunucos, adornados con cintas amarillas y rojas, estridentemente atusados, sus voces histriónicas atronando cualquier conversación.

 

Doquiera que iba se sentía invadida por aquella estridencia.

En un tranvía.

En un restaurante comiendo en silencio sentada.

Sumida en un mar de confusión, eligió seguir sola sentada en su trono.

El Imperio lo exigía, y así fue ella educada.

Se entretuvo escuchando a la Orquesta Nacional Árabe, propia de su condición de Inadaptada.

En la soledad de su Imperio, saboreó el acoso, las denuncias y las adornó con más fotografías, grafismos y letras.

Tal era su venganza.

La de la Cultura.

Una Cultura elevada, rica, secular y ancestral.

El violín árabe contoneó su Córtex Cerebral, y en sutil frotamiento de cuerda con arco, la Cultura le bajó hasta el Hipotálamo.

Ésta vez sin lechos, sin amor desmadejado y sin tristeza.

La Cultura la poseyó, y se sintió al fin perteneciente, integrada, afín.

Por una vez, una más, como en “Misfits”.

“ÉL, ELLA, LA RELIGIÓN Y LOS IDIOMAS”.

O “Del amor de las lágrimas y los balbuceos”.



Lo conoció en un Bar.

   Un inmigrante más.

Dificultades con la lengua le acercaron a ella.
Cuando se sentaron para hablar de su intercambio de idioma, los ojos de ambos brillaban de felicidad.

Era todo tácito.

Los dos acorazados se medían antes de la Batalla.

Él se soltaba un poco con la cerveza.

Ella, abstemia y observante de la norma musulmana del pudor-que asumía en secreto- se revolvía cuando los dedos de él rozaban los suyos.

Así, quedamente, entre normas gramaticales, llegaron las confesiones, cada vez más íntimas.

Poco a poco, un hilo brillante iba de los ojos de él en dirección a los de ella.

Ella bajaba los párpados, o fingía una desenvoltura propia de su extrema timidez.

Se revelaron el uno al otro como seres vulnerables y sensibles.

Experiencias casi idénticas en el amor hicieron que él se derramase en lágrimas.

Ella, estupefacta, no comprendía que un hombre llorase sin ser en la intimidad.

No estaba acostumbrada y desafiaba la moda antropológica de su cultura.

Así era ella.

Pasaron los días.

Las semanas.

Ella se ausentó por un tiempo.

Él volvió a su vida, que continuaba siendo un misterio para ella.

Volvieron a verse, y los ojos de ambos brillaron cada vez con más intensidad.

Cada vez más profundos y con más capacidad de verse el corazón desnudo.
Ella le dijo que empezaba a sentir una atracción muy fuerte por él, y que había levantado un muro entre los dos, que ella jamás franquearía.

Él lloró, de nuevo.


Al improviso, él la besó.

En los labios.
Ella se enfadó mucho, y así lo manifestó con voz firme, contundente, pero en tono bajo.

No había discusión.

Ella se marchó sola a casa.

Él la despidió con ojos desesperados.

Ilustración «Fatima Mellal», artista plástica amazigh.

“La enfermedad del alma y sus remedios”

Cuando oigo un chorro de agua y un pájaro que canta quedamente en el viento de la tarde, ahí me pongo a escuchar a mi alma.

Si tal cosa existiese, el alma, esa sería sin duda mi religión.

Los rituales que conmueven mi psique y mi corazón, trascienden la normativa de oraciones, mezquitas y gimnasias orientales.

Desde muy joven aborrecí el Orientalismo por su rechazo a los Deseos, como “distracciones de algo más elevado”.

¿Puede existir algo más elevado que un Deseo?

Cuando los deseos son multitudes, forman un árbol que conforma nuestra Felicidad.

Si por algo detesto las expectativas es porque desafían a los verdaderos deseos, y nos hacen confundirlos con meros y vanos momentos que nos apartan de nuestro querido árbol.

Cada quien tiene el suyo.

Existen Flamboyanes de color de fuego y hojas que se ondulan con la brisa.

Jacarandás de púrpura copa y manto.

Palmeras de sonido tropical al mecerlas el viento.

Arbustos, cactus y euforbiáceas componen el gran mosaico de deseos.

Entra pues, de mi mano, al Jardín de los Deseos y no dejes que nada enturbie tu felicidad.

Que nadie te haga llorar ni te lleve a la miseria, y si llega ese momento, observa, pues ha dejado en tierra rasa lo que por ti misma cultivarás.