“Doña Farah y sus dos maridos.”

Doña Farah era una mujer inteligente, aunque algo desconocida, dado su gusto por los viajes.

Su visión del honor le había garantizado un puesto entre su familia, vecindad y amistades varias, que cultivó en aquella sociedad colonial. Subtropical.

Al despertar a la juventud, Doña Farah despuntó, por su arrojo, afán de conquista de Derechos y una actitud cosmopolita.

Tenida por “chic” o por “esnob”, dependiendo del ojo que la catalogara.

La frecuentaron hombres libertinos, que abusaron de su honra, escasos o abundantes caudales dependiendo de las circunstancias, y le hicieron añorar un amor inocente y pausado.

Se vio en un dilema “romántico” de primera magnitud en la Escala de Richter.
Un drama construido por su amor a los clásicos de la literatura rusa, y su amor por las grandes Divas del celuloide, que fueron construyendo un propio imaginario extraño.

Extraño porque versaba entre conocer a través de la cartomancia su “futuro amoroso”, mientras yacía en los brazos de hombres aventureros, dados a la bebida y a todo tipo de excesos.

Añoraba Doña Farah, al mismo tiempo, un amor lento, culto y refinado, que sólo encontró en las letras de las cartas y mensajes que, hombres más versados en la palabra, la fueron conquistando.

Se vio así, durante toda su vida, dividida entre la realidad, libidinosa y fallida, como la vida misma lo es, y aquel amor epistolar, el de las palabras, que la hacía crecer en cultura, criterio y calidad personal.

Y de esta manera, se vio Doña Farah atrapada entre dos tipos de “marido”, uno libidinoso y bastante zafio pero real, y otro, cuasi sacrosanto pero que la hacía vibrar de deseo al desafiarla intelectualmente en la conquista milenaria que animaba la vida de las mujeres desde hacía cinco mil años…

La conquista de una propia posición femenina, preeminente y que demostraba la imposibilidad masculina de llevar la vida adelante, llena de guerras y opresiones, la aisló.

Se fue transformando, por mor de todo esto, Doña Farah, en una mujer revolucionaria, imposibilitada de relacionarse ya en su madurez, con hombres más o menos brutales en función de las expectativas del engaño original que estaba siempre bajo la cama de aquellos amores, que a pesar de todo disfrutó. Como víctima y verdugo

4 comentarios sobre ““Doña Farah y sus dos maridos.”

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