“Orgullo.”

Él pasó unos días taciturno.
Barba crecida, cabello sin cortar.
Ropa descuidada, y hasta un poco sucia.
Ella lo conocía bien.
Sabia de sus abismos, mentiras y, su extraña forma de manipular. Era vieja como el mundo, y lo hacía sentirse victorioso.

Ella lloró. Consultó con su manada de lobas y lobos fieles.
Finalmente dejó de llorar, y aceptó su destino.
Se salvó, ella como Ismene.
En otro tiempo hubiera sido muerta, enterrada en vida, como Antígone, por desafiante.
Había ella aprendido a decir que no, como Ismene en conversación con Antígone.
Se libró así de sacrificios ya pasados, que le habían costado caer en el socavón de la cámara subterránea.
Él seguía pedaleando, ajeno a la sabiduría de las hijas de Edipo, Rey.

 Infantil.

Pensaba él, que podría conseguir convencerla, para inaugurar una tercera cámara nupcial.
Podrida.
Un engaño doble, triple y cuádruple, dado el aumento de la prole a su cargo.

Ella decidió no sucumbir a su engaño.
La asistieron la Templanza, garra, y la Sabiduría.

Albahacas, hortelanas y orquídeas acudieron a llenar su soledad, secando su llanto.
La loba Habiba  dormitaba, feliz de no tener que competir más por el corazón de ella.
Él quedó en la favela.

Ella sola, en las alturas de Copacabana. Piso luminoso con vistas al Atlántico.

No le habían influido clasismos ni advertencias a la hora de entregar su corazón.
Tampoco a la hora de cerrarlo.

Fotografía «Phallas-Athaenea», Terraza del Círculo de Bellas Artes, Gran Vía-Madrid. Farah Azcona Cubas. Todos los Derechos Reservados.

Conversaciones urgentes.

El teléfono no paraba de sonar, y estaba en modo altavoz.
Ella estaba terminando el peinado de una señora evangélica, apurada por llegar al Tanatorio.
Cada llamada, con voz femenina de musicalidad cubana, anunciaba un éxito en las “mechas”, buenas nuevas sobre hijas, estudios y haciendas.
Él llegó de la calle.
Con sombrero panamá y bermudas.
Trajo noticias de Cuba. Hablo con fulano, mengano y zutano.
Observó, saludó y volvió a la calle, a hacer compras para el almuerzo.
La melodía de las voces de él y de ella, no dejaba entrever la hostilidad acumulada durante años de pesares, luchas, fatigas y enfermedad.
Al llegar él de la calle, con boniato y carne, surgió la alegría y la conversación entre los tres.
Fueron de Rohani, el ganador de las Elecciones Presidenciales de Irán, a cantar estrofas de “Buche y pluma na´ ma”
Cocinaron, lavaron y rieron.
Las cafeteras animaban el ambiente, mientras el teléfono seguía tocando, urgente.
Sonó la alarma que habían aparejado para que la harina de maíz, cocinada en olla exprés de mágico vapor, no se quemara.
Entraron las dos en conversación femenina, intima.
Bailaron de Sartre a Freud, y lucharon por recordar el término “Existencialismo”, rebuscando en sus cabezas ajetreadas. Del Ecumenismo al Islam, y ahí la comida estuvo lista.
Prepararon la mesa para ellas.
Él seguía en la calle…

Ilustración, Cándido Portinari-Brasil. «Mestizo»

De Farah y el cuero corroído.

sertao

Se sintió abrumada por el peso de la vida, sin más. De repente.

Le cayó todo el peso del globo terráqueo encima, y fue mujer en un mundo repugnante.

Asqueada, se abandonó a su dolor de cabeza, las náuseas, esta vez reales, y el desamor.

Ella hablaba de un estudio sobre la violencia en los jóvenes árabes. Él hablaba de armas, sabía sus modelos, peso y calibre.
Parecían dos monólogos que nadie escuchaba.

Empezó a enfadarse, y apesadumbrada lo abandonó en la ducha, con una frase que ella sabía lo dejaría desconcertado.
Harta de un juego de dolor interminable, no sabía más que debía hacer. Ni siquiera quiso hacer nada. Hastío era la palabra.

Fingió no estar enfadada, ni decepcionada, cuando él le preguntó. Su cara jamás ha disimulado nada, y cien mil años de historia le cayeron en el rostro esa noche.
Él deambulaba, torpe, por la vida de ambos, sin saber que hacer o decir.
Ella lo despidió en la puerta con una mirada que contenía toda la tristeza del Océano.
Él se resistía a abandonarla, y ella dibujó una sonrisa que sabía lo alejaría.
Él continuó preguntándole, desconfiado, a través del teléfono que era lo que le pasaba, la noche llegó y ella cortó la conversación.

Al día siguiente decidió viajar a visitar a una amiga. Tomaría un avión que le borrase la tristeza de la faz. Habló con su madre y juntas lo planearon todo, quién cuidaría a la loba en su ausencia y algunos detalles más del dinero y más componendas cotidianas, de las que sólo las mujeres resuelven bien.

Deseaba tanto ver los ojos limpios de su amiga, tan amada. Hablarían deseosas, de saber la una de la otra, animadas por el cotarro político y la basura en la que se les había convertido el Mundo. La llamó para decirle que iría a visitarla, y una nueva esperanza, pequeña como la luz de una vela, comenzó a encenderse en su alma.

Su alma. La de las mil batallas, pedazos hechos jirones colgándole, cicatrices que sólo a él le había enseñado.
Miró a su loba dormir feliz, y verla la consoló.
Escuchó a la loba beber agua, con ese sonido familiar, de vida en comunión, sólo con ella.

Afiló sus colmillos, loba también, para comenzar una nueva andadura. Lavó su pelaje que brillaba más tarde con el sol de la mañana.

La conversación con los Tidjaníes le devolvió la fuerza que creía perdida. Hablaron de la Vida, el Alma y la Ciencia. ¡Oh Ciencia amada que no conoce fronteras! Omnisciencia del desierto, al fin. Se declaró observadora de la Baraka y ¡el tidjani la entendía!

Despertó a la mañana después del peso, la angustia y aquel parloteo sobre armas, que aún le rondaba la cabeza.

Ella supo que sólo era cháchara, y le resultó tan infantil que abominó de aquel hombre. ¿Qué sabría él lo que era asustarse al ser encañonada en cualquier calle de Salvador, Bahía?
Ver la boca pequeña de un revólver plateado y feo, apuntándote.

¿Contemplar a los verdaderos bandidos blandir sus ametralladoras de culata corta, vigilando su bosque, al que una vez entrabas, salías bandida o cadáver? ¡Quiá! Pura cháchara de crápula envejecido mintiendo.

Borró aquella presunción, aquella bravuconada de hombrecito patético, con sólo pensar en la valentía de una mujer iraní que afrontaba su historia.

Recogió sus cabellos de henna, largos, y comenzó a preparar su hiyab, para emprender su nuevo camino. Mejor así, pensó, sin que los bandidos observen el brillo del pelaje de una loba que cuida celosamente de su manada.

“Como Dios manda”.

Él era un hombre con un peluquín pelirrojo, y caminaba jorobado, delante, con un papel, o sobre, en la mano.

Lo encorvado de su andar le hacía tener la mandíbula laxa, dejando entrever una dentadura postiza alargada, encía retraída.

Vestía el hombre chaqueta de paño de mala calidad, estilo años cincuenta, a cuadros escoceses.

Ella, ojeras inmensas, caminaba detrás. Lejos, a la derecha del jorobado.
Es vieja y enjuta, usa una chaquetilla de punto, tejida con creencias de resignación y obediencia.

Regentaban un bar de nombre canadiense, recuerdo de su emigración largo tiempo atrás, cerrado y recién reformado. También tienen una pensión.
Tienen todo perfecto, limpio y pulcro sobre las costillas de la mujer de grandes ojeras.

Viven esperando la vuelta de un hijo que quedó allá, en Canadá, para que “tome las riendas del negocio familiar”.


Pulcro y cerrado.


El hijo, dicen en el barrio, no quiere volver, y no me extraño.


Curiosamente, viste la pareja de colores claros, siempre con la misma ropa. Ropa de quehaceres cotidianos.

A veces, él gritaba algo incomprensible, desde delante, girando el peluquín pelirrojo en contorsión macabra.

Ella bajaba la mirada, rezongando una respuesta inaudible, con ojos vengativos. Era el único atisbo de Libertad que se respiraba entre la pareja, de jerárquica distancia, casi procesión.


Para  .

Del padre.

Vive para siempre, el padre.
Allá en los árboles que me enseñó siendo apenas una niña.
Sus amorosos brazos morenos, me abrazaban en la cuna.
Los mismos brazos enjutos que tomé para bañarnos juntos
en el Atlántico.
En el final.
No asistí, más que a tu lecho.
Te di de comer y lloré contigo,
al devolverte el cuidado.
Dejé una piedra en tu tumba, y no volví.
Tu risa vive en

mi

tu

corazón.

Adiós padre.

Medea cibernética.

Después de dos décadas de destierro.

Sólo me quedó una lata vacía de precioso diseño, y una moneda de 1927.

Quien salió de mi corazón no volvió a entrar, nunca.

No éramos parientes. No éramos nada.

Entraron a mi vida plantas, cernícalos y una Loba fiel.

El Sol, la Tierra y la Natura.

La magia de Medea.

La Loba Fiel sabe leer los signos, los muerde, y me avisa.

“El cuero de tu lecho está corroído”, me avisó. No le hice caso.

Manías de loba vieja, pensé ignorante de mí.

Anduve en líos sociales, que me repelían desde la infancia.

Por el trabajo que dan y la Hipocresía que hay que ejercer.

Apesadumbrada, supe.

Que mi camino es el duro.

Que lo elegí yo.
Acarreo un carromato de consecuencias insalubres.

¿Dónde quedaron aquellas fanfarrias?

Nunca me interesé por su paradero, ni disfruté de verme envuelta en ellas.

Decididamente no quiero ser nada.

Nada más que lo que soy, pues mi latido no está enfermo ni está podrido.

Allá seguirá el escándalo, por lo que dije. Por lo que hice y lo que fui.

Nunca quise ser otra cosa.

Infancia-Incidentales. Brasil-Marruecos.

Infancia-Incidentales.
Brasil-Marruecos

1-         Niño reprendido por su padre con puñetazo en la cabeza. Tánger, Marruecos.

2-         Niño que trabaja asando carne en el bar familiar. Plaza “Talborjt”-Agadir-Marruecos.

3-         Niñas y niños venden fichas telefónicas vigilados por adultos con chaleco identificatorio que dice “Sindicato del Menor Trabajador”. “Terminal Rodoviária”, Salvador-Bahía. Brasil.

4-         Niña de la calle que orina en la puerta de la Mezquita, por haber sido expulsada por responsable del edificio. “Talborjt”-Agadir, Marruecos.

5-         Niñas y niños de la calle que venden cacahuetes por las mesas. Son expulsados por el dueño del bar con el argumento “espantan a los turistas”. Salvador-Bahía, Brasil.

6-         Niños de la calle meten los equipajes de turistas en las bodegas del autobús que les llevará a su hotel. Los turistas dicen “si se creen que les voy a dar un céntimo están arreglados”. Aeropuerto Internacional-Salvador-Bahía, Brasil.

7-         Niño de la calle, adicto a la cola-pegamento. Eczema infeccioso en todo el rostro. Porta un radio-cassete color rojo. Plaza de “Talborjt”-Agadir, Marruecos.

8-         Niño que arrastra un día entero sus utensilios de limpia-zapatos. Agadir, Marruecos.

9-         Niñas que deben andar dos horas para ir al colegio distante unos 14 kilómetros todas las mañanas. Alto Atlas, Marruecos.

10-     Niños que merodean por el manglar en busca de clientes de prostitución. Maceió-Alagoas, Brasil.

11-     Niño de la calle, homosexual, adolescente. Recibe paliza y es desnudado. “Pelourinho”, centro histórico-Salvador, Bahía, Brasil.

INFANCIA.

Se me dar um cigarro, eu dou. Tía”
“Si me das un cigarro, me acuesto contigo, Tía”.
Así me saludó un niño de la calle en Salvador, Bahía, a la salida de mi trabajo como ilegal en un restaurante.

Mi mente, con un nuevo paradigma para comprender situaciones violentas de verdad, a las que nunca antes en mi vida me había enfrentado, me animó a responderle, de manera subjetiva, para no morir de dolor:

“Criança nâo fuma”. “Los niños no fuman”, desentendiéndome de su ofrecimiento sexual, con un tono autoritario, maternal.

El silencio y el canto de los pájaros me sosiegan. Lo suficiente para contarte lo que vi en la mirada de aquellas niñas y niños.
Muy pequeños, desde los apenas dos años de edad, hasta pre púberes de entre diez y doce años.
A partir de esa edad son demonios diminutos, encallecidos por la barbarie.
El mayor número ha huido de palizas, violaciones y esclavitud de parte de sus propias familias.

“Y yo me pregunto”, como Netzahuátlcoyotl el rey poeta de Tlexcoco, ¿para qué tanto dolor?

“Sólo un poco aquí”, cantaba el rey nahuátl.

Para estas niñas y niños sólo será “un poco aquí” lleno de miseria y profundo dolor.
Una herida abierta y sangrante será su vida.
Todos los días miles de adultos le echan sal a su herida. De cicatrices groseras y mal cosidas.
Hay costuras que nunca cierran, jamás.
Se los dice una niña, que fue, de la calle.
Poesía de Nezahualcóyotl

Del Amor del 18 Brumario. Karl Marx y los monos de Darwin.

Canta Lafourcade, voz mexicana de apellido francés, y recuerdo el “marriage”.
Devino en “Mariachi”, ya que los franceses al no entender por qué se daban aquellos grupos tan grandes de músicos y cantantes, dijeron “marriage”, boda…
“Hasta la raíz”, canta la voz mexica.
Así es mi dolor.
Una mezcla de ingenuidad marxista, la de “los monos de Darwin”, que tanto influyeron a Karl, el traidor de la Comuna de París.
Mi corazón es la Comuna traicionada, pues amé, como primate darwiniana, un espejismo.
Espejismo de Amor Revolucionario, jamás correspondido, por la cobardía de los contendientes.
Hasta hoy espero.
Con mi Dignidad intacta, mi “Karama” árabe. الكرامة

Mi Dignidad es mi valor de primate evolucionada.

 

Intacta.
Permanece a la espera.
Mi “Karama” paseó por el Mundo, y nunca encontré un contendiente con quien compartir mi Comuna.
Anarquistas, con hijos en colegio de pago, pasearon por mi lecho, columpiándose en mi corazón.
Y huyeron ante mi compromiso absoluto con la gente desheredada, mucho más virtuosa que sus vidas, secretamente burguesas.
Culpabilidades subrepticias. Armarios de una sola puerta.
Solteros impenitentes, aún con esposas e hijos.
Amantes y concubinas lo confirmaban.
Los Golpistas de Medina, con Mahoma a la cabeza, lo habían confirmado.

Hipocresía. نفاق

 

1438 años desde la derrota.
De nuestro Amor Digno. الحب الكرامة
Y allí seguía yo.
Esperando.

 

Como esperé en Europa, América y África.
En un mes visité los tres puntos de mi “Qibla”.  القبلة
Y quedé agotada después de un año entero de lágrimas.
Fueron tantas, que me brotaron los dos nenúfares de Boris Vian en los pulmones.
Sólo un vago recuerdo del saxofón rumano, tocando para mi sola, “Desafinado” de Tom Jobim.
Leves lembranzas de alguna piel ajena.
Olor vago, de sudor extraño, en mi pituitaria.
De lo que amé, traicionada y sola en mi Comuna.
La de mi corazón.

 

Oh, Nabil… يا نبيل

Una vez más, el fraude al que llaman amor tocó a la puerta de mi corazón.

Sin saber, pobre fraude, que mi cerebro ha abrazado a mi corazón…

Me lo ha enseñado una profesora de nívea cabellera, ojos negros de khool…

Las letras me protegen del amor de Egipto, por muy creativo que sea el fraude, no me lo compro, es caro.

Mujer política, imposibilitada para seguir esa estafa neurótica, adornada con corazoncitos rojos, infantiles.
Siento que tengo tres mil años de antigüedad frente al burdo merchandising.

Mi amor, atesorado en las pinturas de la Reina Hatshepsut, en las músicas de la Diosa Hathor.
Al final mi amor no es más, ni menos, que una vaca con disco solar entre los cuernos.

Amor de África. Brasil, Marruecos y el Sáhara.
Amor agrietado en Italia, Alemania y Francia.
Amor ebrio de alcohol en Inglaterra.

¡Detente fraude! Aléjate con tu maldición, ya sé que después de los corazoncitos viene el mercado de barbitúricos y el suicidio.

Muerte probada, sabor metálico de juventud, ¡aléjate de mis cabellos de fuego!

Tatué mi cara para lanzarte al abismo, y siempre pides más. Siempre una nueva estrategia para acabar en lo descarnado del sudor, la carne desnuda y las lágrimas.

Eternamente el mismo crimen, de Raskolnikov, sin castigo. Mi alma pura frente al hacha ensangrentada. La usurera y su inocente hermana, asesinadas por el marketing-de-la-Revolución-actuando.

Para nada.

Simple mezquindad y deseos vanos, ay Epicuro

Omega dijo, que mi mente científica, de Aquarius, lo resolvería todo.

Tenía razón.

Mi cerebro vive abrazado a mi corazón, para siempre.