Faltaba poco. Al día siguiente, después de pasar seis horas en una aeronave alemana, estaría de nuevo en su desierto amado, rodeada de lobos y cernícalos y sola, completamente sola, cosa que deseaba por encima de todo.
Deseo saludar a su loba Habiba y dormir con ella, y que al despertar las dos en casa, al fin, vieran a los cernícalos marcarles el rumbo a seguir. Su eterno nomadismo en un mundo en el que ninguna tenían cabida, continuarían su andadura las dos, la loba Habiba abriendo paso y Farah detrás, siguiendo su infalible guía en pos de cuanto necesitaban.
Jamas encontrarían un lugar donde descansar y morirían agotadas las dos, vencidas, por fin, por la Naturaleza. Farah se desinteresó por el resto de opiniones, recomendaciones y augurios, y los posos del café solo le hablaban de sirenas, que la esperaban en su desierto privado. Deberían mutar, Farah y la loba, para poder seguir el camino marcado por las ondinas, sirenas y demás habitantes del mar,para llegar a mojarse algún día en las emociones que por ahora Farah no se permitía.
Dejo de lado las relaciones con los hombres, puesto que solo transmitían interés escondido, desdicha o frustración, y deseaba cabalgar en su camello, a toda velocidad, por las arenas que eran su único refugio, para huir definitivamente de aquellos seres monstruosos, que tomaban de ella lo que querían y se despedían queriendo concertar otra cita.
Increíble, como el ser humano puede llegar a tal punto de perdida de inocencia y despegar para siempre en un vuelo de rapaz, prender con sus garras los que les viniese en gana y desaparecer así, sin mas, pretendiendo que ella esperase en silencio, su próxima visita. Cuan equivocados estaban sobre la verdadera naturaleza de Farah, la indómita beduina que jamas seria propiedad de nadie. La Farah que practicaba el harén femenino de sus ancestrales abuelas beduinas, poseyendo a cuanto hombre desease sin necesitar ni siquiera saber de su estúpida conversación pre y post-coital.
Se alejo de aquel mundo mezquino para siempre deseando fundirse en un sueño que la elevase por encima de los siete cielos y le dijese que rumbo tomar. Que lugar ocupar en este mundo y si tendría sentido su misión o debería descartarla por completo.
Como decía Bette Davis «una mujer podrá tener un libro de recortes de prensa o servicio domestico francés, pero siempre dependería de un hombre a su lado que la abrazase en la noche», de la fría noche sahariana y pensó con hastío en la relación de interdependencia que se daba siempre en las relaciones conyugales.
Cuando sintiese el olor a tierra del desierto, seguramente mejoraría de su amargura de los días pasados, y la profunda tristeza que había sentido se convertiría en alegría, música y calor tropical.
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La voce dell`amore
De Farah, la tristeza y demas pasiones por vivir.
Farah se sentía frágil como cuando era pequeña y tenia que ir a la escuela. Allí todo el mundo la rechazaba, por inteligente, por guapa, por diferente. Allí se hizo poeta de la tristeza de ser diferente, única y el valor que le dio el rechazo, la llevo anos después a recorrer el planeta entero, desafiando a toda mirada con su presencia de Reina.
La tristeza da mucha majestad, y hace que todo el mundo te diga, completamente equivocado: ¿Estas cansada?
Solo pensaba en que el mundo no le gustaba y cada vez sentía mas deseos de abandonarlo. ¿Cuantos segundos mas?, se preguntaba la niña maltratada que siempre seria, para alcanzar un poco de compañía deseada? La pasiones habían terminado por destruir su corazón por completo, y ahora, una vez arrasado totalmente, solo le restaba deslizarse en la voz de Cesaria Evora y Marisa Monte para terminar con todo. Mar Azul.
Harta de esperar al príncipe que la recataría del dragón hegeliano, se dispuso a tomar determinaciones y acabar con todo tipo de sensiblería amistosa. Deseaba convertirse en un ser huraño, una anacoreta que viviría en el bosque hasta sucumbir, entre dolores terribles y llantos interminables, a su parto hacia el mas allá. Solo le restaba ser pasajera de una vida que ya no le hablaba, que había roto la comunicación con ella por todos los frentes, y solo le resto esperar el final…
De Farah, el ministro, el cuervo y el conejo.
Farah ahondaba en su observación de los cuervos, que invadían la ciudad silenciosa, donde sólo se oía cantar a pájaros de todo tipo, y cerca de los canales a las ocas llamar a sus hijos para mantenerlos en la guardería.
Se sentía turbada desde la entrevista con el vice ministro, la tarde anterior, de la Ciudad Silenciosa, para tramar la regeneración de los clones, expulsados doblemente de la sociedad, primero por los clones familiares y luego por los humanos decentes, que les miraban como escoria mecánica, quedando así en una imposibilidad, ante el rechazo doble, que había llevado a los clones a rebelarse de forma salvaje, cometiendo delitos menores, agresiones y construcciones mentales erróneas, dejados de la mano de sus familias de metal y de la sociedad humana.
Se puso furiosa cuando escucho a un funcionario encargado de la reintegracion, ella no veía que a los jóvenes mecánicos les faltara ninguna pieza, y si que poseían un caudal inmenso de riqueza que engrandecería y sanaría el futuro, gritarle y apartarle del trabajo comunitario por la tozudez del funcionario y la llamada constante de atención del clon, falto de millones de kilos de amor por sus maravillosos cables y estructuras mecánicas, que les habían llevado días atrás a un enfrentamiento con el líder de los clones de nombre oriental, grandioso y caucasiano.
Al desayuno en la terraza, con café y cigarrillo, por mucho frío que hubiese en la Ciudad Silenciosa, observo al conejo asignado a su portal, y se decidió a reconciliar a humanos, clones, cuervos y conejos, convirtiendo aquella triste ciudad donde nadie sonreía, en una luz brillante que iluminase toda Europa con el ejemplo de la cooperación, tramada en silencio con el vice ministro de Familia e Integración social, del tratamiento de aquellos rebeldes, que rechazados por unos y otros, presionados por los dos lados, el mecánico y el humano, se hacían violentos, lideres negativos que arrastraban a otros clones inexpertos en el camino del crimen y el dinero.
Deseo con todas sus fuerzas abolir el dinero, prohibir la propiedad de unos y otros sobre otros y unos para finalmente vivir todos en Libertad, sin necesidad de envidiar ni codiciar nada ajeno, e imbuirlos a todos en el estudio profundo y obligatorio para todo ser que desee vivir en una comunidad, incluso con cuervos y conejos, a través del estudio obligatorio de la profundidad e igualdad de todos los seres ante la vida… que construyen la verdadera identidad.
De cuando Farah viajo al pais del silencio, lleno de flores y de pajaros
Allá estaba Farah en el país del silencio, donde la gente, hasta que la Luna no cambio de signo, no sonreía. Contemplaba ella la infinidad de pájaros, cuervos, ocas, gallinas de agua y la mayor concentración de flores que jamás había contemplado en una ciudad, ella una mujer del desierto, acostumbrada a lo árido y áspero del paisaje norteafricano.
Hablo con personas interesantes, liberó a cuantos pudo de sus clichés y sobre todo desconcertó a todo el que pudo con su simple presencia.
Debatía con fiereza en cuanto al feminismo se refería, y tuvo varios encontronazos graves, virtuales gracias a la Naturaleza, pues si hubiesen sido cara a cara, hubiese abofeteado a mas de una.
Agradeció aquella calma reinante en el país de la organización férrea, el silencio y el cambio de actividades, no sin echar de menos su vida en el norte de África.
La presencia de la rata masculina se difuminaba entre el silencio, las flores y la impagable compañía del leñador amable. Soñaba con un amor con el mono azul magnético, que el rechazaba, asustado por la impaciencia de Farah.
No deseaba ser mirada por ningún hombre mas. Nunca mas. Solo tendría sexo lúdico, siempre y cuando los atletas cumplieran sus normas, se convertiría en la Tirana sin Bulgaria, capital de un Estado inexistente que aun estaba por nacer.
Desde el Mediterráneo la animaban las marchas primaverales que reclamaban una Democracia real, ya.
Tutelados durante treinta y cinco anos por el Neo-franquismo, los ciudadanos de España habían tomado la calle al asalto, y prometían extender la Primavera árabe al Norte, cada vez mas al Norte, y Farah se sentía a la vanguardia de aquel tipo de pensamiento liberador, que ya no deseaba mas hipocresía de Estados con el corazón podrido.
Aquel país silencioso, en el que permanecería solo por unos pocos días mas, era el principal usurero de las hecatombes de Grecia, Portugal y finalmente, ella lo veía venir gracias a su Baraka, sobre España, donde el gobierno permanecía silencioso a la espera de la noticia del colapso total de su sistema estatal.
El poder Supranacional, por fin había conseguido su ultimo fin: gobernar el planeta por entero, desde su veneno, que desarmaría hasta la mas gigante de las amapolas.
Deseo estar en los brazos del hombre tatuado que le daba tanta amistad y confianza, pero deseo aun mas. Deseo un compañero que le diera la mano en aquella revolución que nunca jamás podría ser un deporte sexual sin compromisos. Y armada de paciencia, hasta los dientes, espero la aparición de aquel hombre inexistente…
De Farah, enamorada del Amor, sin importarle nada más
Farah había reflexionado en aquellos días pasados desde Febrero, en lo valiente, abierta y viva que se había sentido al enamorarse de nuevo. De un amor que no tiene rostro, no es fulano ni mengano.
De cuando Farah, por fín, encontró a su tribu.
La Vulcanólogas están muy paradas …
De cuando Farah rechazó la sexualidad rocambolesca.
«Yo maté a Sherezade» un libro de Joumana Haddad.

La escritora y periodista libanesa Joumana Haddad ha escrito «Yo maté a Sherezade», un libro polémico en el que desmonta la imagen de la mujer árabe en Occidente y que se publica ahora en español, en medio de las revueltas árabes. «Estoy feliz, pero deben servir para mejorar los derechos de la mujer», afirma.
«Nadie esperaba estas revueltas ni este despertar, pero me preocupa adónde van y si los nuevos regímenes mejorarán la situación de la mujer, porque es una prioridad. Los derechos de la mujer no son un lujo, son algo esencial para la verdadera democracia», explica a Efe esta poeta y ensayista, nacida en Beirut en 1971.
Haddad, que dirige una controvertida y bella revista, «Jasad», una publicación muy moderna de literatura, fotografía y arte, con el cuerpo desnudo como protagonista y censurada en todo el mundo árabe excepto en Líbano, asegura también que lo que está pasando en Libia «es una tragedia», pero que tiene «serias dudas» sobre la posición de los aliados.
«No sé que pensar; si es bueno o malo que intervengan, porque está claro que el pueblo necesita ayuda, pero también tenemos que pensar la motivación de esta ayuda. Veo que hay una motivación democrática pero también hay muchos intereses económicos», argumenta la escritora, traductora y periodista, conocida internacionalmente como responsable del suplemento cultural de «An Nahar», el principal diario libanés.
Joumana Haddad podría parecer una mujer de cualquier punto de Europa: italiana, española o francesa, con una imagen moderna y cuidada. Políglota -habla seis idiomas-, es una de las poetas más reconocidas de su país y es miembro del Comité del Libro; una prolífica carrera para la que asegura que desde por la mañana tiene que afilarse las uñas.
«El día es muy duro y tengo que estar preparada para todo», afirma esta mujer, que parece frágil por fuera pero muy segura y firme por dentro.
«El mundo está dentro de mí, no fuera», apostilla. Una premisa con la que ha tejido «Yo maté a Sherezade», este ensayo, que ya ha sido todo un éxito en Francia y que pronto saldrá en su país, aunque allí ha recibido ya toda clase de críticas contrarias.
Y es que Haddad ha creado su propio manifiesto, en el que otorga visibilidad a la mujer árabe dando para ello la vuelta al mito de «Sherezade», la heroína de «Las mil y una noches», que, dotada de habilidades narrativas y persuasivas, salvó su vida contándole historias al sultán toda la noche.
Para Haddad, Sherezade, «con quien se identifican muchas mujeres árabes, no puede ser modelo para nadie, porque es pura sumisión, su vida está en manos de los hombres, que pueden decidir su indulto. Por tanto, no sirve para subvertir el orden injusto», dice la autora, que propone a Lilith, la primera mujer creada del barro, y no de la costilla de Adán, como ejemplo de mujer inconformista y amante de la libertad.
Joumana Haddad, perteneciente a una familia cristiana católica muy conservadora, aclara que tuvo que hacer su propia travesía para conquistar su libertad y derribar los clichés del mundo árabe.
«Tengo dos furias -explica-. Primero, con las mujeres árabes que se complacen con esta situación de víctima que no puede hacer nada para cambiar la situación: por ejemplo, las mujeres de Arabia Saudí, que, aunque están en una situación durísima, son madres y podrían cambiar las cosas por medio de la educación de sus hijas y de sus propios hijos. Necesitamos una conciencia nueva -dice-, una nueva perspectiva de la mujer».
La otra furia para Haddad es la provocada por la imagen que dan los medios de comunicación occidental sobre las mujeres árabes. «Dan una imagen muy generalizada, sin matices, y yo les diría que la mujer occidental que se tiene que poner desnuda en un sofá para venderlo también es lamentable», concluye esta escritora, que defiende una sociedad laica en la que las mujeres tengan derecho «a elegir la vida que quieren llevar».







