Anacarda Harrison-Ford.

Hurufiya

Anacarda no comprendía cómo el simple eco de su apellido compuesto, su “feminismo clasista” anclado en las canas de sus ideas sesenteras, no la habían convertido en un ente importante y potente

No era consciente, Anacarda Harrison-Ford, de vivir en una ciudad pequeña y ultra-provinciana, de medio pelo.

Una ciudad-residuo colonial no resuelto en la década de los 70, cuando debió ser devuelta y reintegrada al África geográfica y emocional al que pertenecía por naturaleza.

Anacarda lo había intentado todo.

Abusar de su privilegio de rica venida a menos para ser universitaria, cosa que logró con un resultado mediocre.

Anacarda se casó, pero una vez habida una hija, se desprendió de cualquier relación que la alejara del clan Harrison-Ford.

Educó a su hija en una estupidez excéntrica, y la hija obedeció en todo.

Al Clan mafioso-familiar al que pertenecía Anacarda, los Harrison-Ford, los identificaba una salud debilucha, de “genes” europeiformes trasplantados al África subtropical por mor del comercio con el Reino Unido, anteriormente “Imperio Británico”.

Anacarda Harrison-Ford languidecía, contra-programando y fustigando cualquier disenso con su modelo de pensamiento, que guardaba cierta similitud con su pelo.

Llamémoslo “feminismo asmático”, por el poco fuelle intelectual y por apoyarse en un mujerismo torpe, esgrimido como arma contra toda aquella que osara contrariar su opinión, mucho menos contradecirla.

Usaba para tales fines, Anacarda, una máscara corporal masculina, cabello gris cortado en un intento de aproximarse a Greta Garbo, y atuendo hippie-clasista-demodé.

Su voz era de cascarrabias, sin entender a sus casi setenta años, que no le correspondía vivir en el paralelo 28 que murchaba sus pulmones anglófilos.

Andaba por aquellos días aciagos, Anacarda, contrariada pues sus planes de vivir en una Comunidad Anciana Clasista, también se habían murchado.

¡Atención!

“Este es un aviso del Ministerio de Salud de los Clones. Este texto contiene ilustraciones que pueden herir la sensibilidad de las lectoras anacardiáceas. De hecho la contiene con el fin de herir, y así curtir, el alma sensible de la protagonista.”

Texto e ilustración originales de la autora. “Aviso” realizado por @MDesencadenada en conversación incidental.

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