Ella, el tulipán y el viento de Abril.

Nació una mañana, sin esperarlo. La cogió por sorpresa. Una corona de pétalos rosas, que mutaban desde la primera hora del día al comienzo de la noche.
Cerrada, como su cerebro y su corazón, amanecía la frágil flor de duro tallo. A la mínima luz solar se abría en una promesa de colores listados y que hacían un bonito tornasol, si los mirabas con los ojos entrecerrados, casi como la vida misma.
Despertó una mañana que anunciaba Abril en Marzo. Lo supo por el viento fuerte y los nubarrones que hacían del mar un espejo de color púrpura al amanecer. A lo lejos observó como la lluvia descargaba dentro del océano. El fuerte viento hacía mecerse a copas de árboles gigantes de más de cincuenta años de edad. La fuerte brisa en las copas de las palmeras washingtónias  era un frufrú de vestido nuevo, y se sentían aliviadas de despojarse de todo vestigio de hojarasca reseca del invierno. Se aprestaba toda la naturaleza a florecer, como un mes antes había hecho el tulipán solitario en su terraza. Abril comenzaba en Marzo, y sólo para ella. Ella sola, como el tulipán de duro tallo y vestido irisado…

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