De Farah. con el cuero asombrado y tatuado, al descubrir que era viuda beduina.

En esos días, andaba Farah agitada, ante el inminente comienzo del Ramadán, y además había tatuado su barbilla. Según la Ley beduina y también la saharahui, la viuda es poseedora de todas las posesiones de su marido difunto y el tatuaje en la barbilla representa la presencia del marido ausente para siempre.
Asimilaba su experiencia en el País del Silencio adornado por el canto de los pájaros, mientras trabajaba arduamente por la diversidad en la fe como en la vida, y recordó a Nina, la mujer que ama los caballos y los recoge cuando los abandonan, ya va por tres…
También recordó las risas con Lois y el leñador amable, y a una muchacha que hablaba español y recogía firmas contra la privatización del sistema de agua potable de Hamburgo, que le explicó amablemente que, al reunir suficientes firmas en dos recogidas diferentes, con un número exigido por el gobierno del Lander, se llevaba a las urnas y se votaba junto con los candidat@s propuestos para el gobierno del Lander.


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